(Nancy Chappell/El Comercio)
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A lo largo de su historia, el hombre ha intentado conocer cuál es el origen de la humanidad, cómo poblamos el mundo y quiénes fueron nuestros antepasados. De pronto, la genética se presenta como respuesta, pues puede descifrar la historia ancestral de un individuo y, por lo tanto, reconstruir la historia. Los doctores Ricardo Fujita y José Sandoval han viajado por el Perú tomando muestras de ADN para responder estas preguntas y sus resultados son impresionantes.

—¿Cuándo comenzaron sus investigaciones?
RF: En el 2007 nos invitaron a ser parte del Proyecto Genográfico de alcance sudamericano. En el 2014 tuvimos una nueva subvención solo para el Perú, para reconstruir la historia enfocada en los incas. Pero con el proyecto sudamericano hemos resuelto parte del origen de los uros, de los quechualamistas y de los chachapoyas.

—¿En qué consiste su trabajo?
RF: En reconstruir la historia, por supuesto cooperando con otras disciplinas como la arqueología, historia, lingüística y antropología, para conocer orígenes y migraciones. Es como hacer un estudio de paternidad, pero entre pueblos, para ver quiénes están más cerca y quiénes más lejos. Acabamos de publicar nuestro cuarto artículo. Estos han abarcado a diferentes pueblos que no tenían historia o tenían la historia mal escrita, la cual está siendo corregida por lo que está escrito en el ADN.

—Su primera investigación confirmó que los uros aún viven.
RF: Sí. En Puno hay gente que piensa que los que se hacen llamar uros están impostando, pues son puneños sacando provecho del turismo. Y se basan en que ya no hablan la lengua uro, sino solo aimara. Si son aimaras, no serían uros. Y nuestras conclusiones han sido que los uros en realidad se han mantenido aislados de sus vecinos. En 1950 murió la última persona que hablaba uro, pero su identidad genética persiste, su ADN no puede mentir.

—¿En qué concluyó su investigación sobre los quechualamistas?
RF: Hay dos historias: la más popular dice que son descendientes de los chancas, y la menos conocida dice que son en realidad gente de diferentes lugares, con distintas lenguas, que fueron juntadas y se les impuso el quechua.

JS: Para hacer el árbol genealógico de ese grupo, comparamos con varios pueblos de Ecuador y del Perú. De esto resulta que son varias familias, en el árbol aparecen dispersos, pero algunos están emparentados con sus vecinos shipibos, achuar, o los grupos arawak, que están cerca de Junín. Tienen un parentesco genético más relacionado a ellos, a diferencia de los chancas, que están muy lejos en el árbol.

—El tercer estudio abarcó a los chachapoyas.
JS: Así es. Es conocido que los incas sometieron a los chachapoyas y en las crónicas se indica que este es un ejemplo de cómo los incas desplazaban a los pueblos más rebeldes. Pero es muy difícil concebir eso de que un pueblo sea vaciado totalmente. Tomamos muestras de diferentes grupos de los chachapoyas y resulta que hay varios clanes, muy diferenciados, en el sur.

—Ustedes están reescribiendo la historia del Perú.
RF: Estamos corrigiendo algunas cosas de la historia, que pudo haber sido escrita con intereses específicos. Por ejemplo, una forma de humillar a los incas era decir que eran crueles y vaciaban poblaciones. Decían que lo hicieron con los chachapoyas y no es cierto.

—¿Cómo ha sido la recepción de las poblaciones ante estos resultados?
RF: Los uros han sido los más felices, porque querían probar que sí eran distintos del resto. Con los quechualamistas, hay un cambio grande.
JS: Les continúan enseñando desde primaria que descienden de los chancas, inclusive tienen un museo. Ahora depende de ellos que cambien su manera de ver su cultura.

—Su última publicación muestra las huellas genéticas de los descendientes de la nobleza inca en la actualidad.
RF: Hemos tomado el ADN de algunas personas de San Sebastián y San Jerónimo, de algunas familias que han sido registradas como descendientes de los incas. Hay dos hipótesis: una es si la línea de la nobleza inca es patrilineal, es decir, si es la misma desde Manco Cápac hasta Huáscar y Atahualpa. Sin embargo, la doctora Rostworowski dice que no necesariamente era el hijo del hijo, sino que escogían dentro del grupo al más hábil. La otra hipótesis es de dónde vienen los incas, ¿es verdad lo del lago Titicaca?
JS: Tomamos muestras de 18 personas que representaban a 12 familias vinculadas a los gobernantes incas. Separamos los resultados en dos grupos: Awki 1 y 2. El antepasado común del grupo uno se calcula que es de la época inca, hace 500 años más o menos. En el grupo dos, su ancestro común se ubica hace unos 900 años. Ambos han vivido en el período Intermedio Tardío, que comprende del año 1000 hasta 1450, que es la época de finales de Tiahuanaco, comenzando el imperio inca.

—¿De dónde provendrían?
JS: Los perfiles genéticos de ambos grupos se corresponden con los mitos que dicen que son del sur, del lago Titicaca, de Pacaritambo. Asimismo, el escenario indica que son varias líneas paternas, y eso se puede adecuar a la hipótesis de que se les elegía por habilidad.
RF: Por ahora nuestra estrategia es indirecta, hacemos el estudio de las familias descendientes. La directa sería tener el ADN de los mismos incas o sus descendientes. Desgraciadamente, para los españoles era objeto de culto pagano la adoración de los restos de los incas, por lo que los desaparecieron.

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