Por Sonia del Águila

Cuando salgo al escenario y el público responde: ¡yo mato!”. Edith Barr lo decía con esa seguridad que solo concede una vida entera frente al público. Se despidió varias veces, anunció retiros, se alejó para formar una familia y hasta intentó ponerle punto final a una carrera que parecía no aceptar finales. Siempre regresaba. Quizá porque, para ella, cantar nunca fue únicamente un oficio. Era la manera que había encontrado de permanecer.

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