Joe Biden, presidente de Estados Unidos. REUTERS
Joe Biden, presidente de Estados Unidos. REUTERS
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El presidente estadounidense , embarcado en un combate cuerpo a cuerpo para materializar sus principales reformas, llamó el viernes a mejorar el cuidado de los niños pequeños, mezclando anécdotas personales con advertencias sobre el declive del país.

Al visitar una instalación para niños pequeños en Hartford (Connecticut, noreste), dijo: “No podemos permitirnos estar detrás de otros países”.

Las cifras en la materia comunicadas por la Casa Blanca antes del viaje de Biden llaman la atención.

Según indican, Estados Unidos ocupa el lugar 35 de los 37 países ricos en inversión pública en niños menores de 5 años, en relación al PBI, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Solo la mitad de los niños estadounidenses de 3 y 4 años asiste a la escuela, en comparación con el 90% en Francia, Alemania y Gran Bretaña.

En Connecticut, enviar a un niño a una guardería cuesta en promedio 16.000 dólares al año.

Y Joe Biden promete cambiar este panorama.

El presidente demócrata aspira a establecer sistemas de crédito fiscal para el gasto en niños y ofrecer acceso gratuito a la educación a los niños de 3 y 4 años, en un marco elegido por la familia (escuela pública o estructura privada).

Para ilustrar sus intenciones, el presidente demócrata no dudó en evocar, como suele hacer, su historia familiar.

Frente a una estantería de libros para niños, relató cómo, al quedar viudo tras la muerte de su primera esposa y su hija en un accidente luego de ser elegido senador, tuvo que depender de su familia para cuidar de sus dos hijos pequeños cuando viajaba todos los días entre Washington y su estado de Delaware.

También habló de su padre, que “lamentó toda su vida no haber ido a la universidad”, un hombre que “volvía a casa para cenar y regresaba nuevamente a trabajar” y carecía de cobertura médica.

Aún así, “no éramos pobres”, dijo el mandatario.

Biden prometió “dar un poco de aire fresco” a las familias de clase media.

Espera para ello concitar el apoyo de los estadounidenses a las reformas radicales que está impulsando.

Sin embargo, según una encuesta reciente, solo el 10% de los consultados conocían su contenido.

- El espectro del declive -

El presidente, que advierte insistentemente sobre el riesgo del declive estadounidense frente a China, quiere reparar carreteras y puentes, renovar redes de agua potable, desarrollar autos eléctricos, pero también bajar el precio de los medicamentos, reembolsar mejor los anteojos a las personas mayores, financiar al menos dos años de educación superior ...

Un programa ambicioso que cambiaría fundamentalmente la relación entre los estadounidenses y el poder público.

Pero ese proyecto, que se financiará con aumentos de impuestos a las multinacionales y a los más ricos, está por el momento empantanado en el Congreso.

Aunque los planes de renovación de las infraestructuras físicas del país tienen apoyo de ambos partidos, no ocurre lo mismo con el gasto social, que es objeto de fuertes debates, incluso entre los parlamentarios demócratas.

“Quería venir aquí hoy porque en Washington hay gente que no entiende que no es suficiente invertir en infraestructura”, dijo el presidente en Hartford.

Calculado en unos 3,5 billones de dólares, este plan social está siendo negociado actualmente entre los legisladores más progresistas y los centristas del oficialismo.

Estos últimos han manifestado su preocupación por el impacto presupuestario de las medidas. Al menos uno de ellos acusa a Biden de querer fomentar una mentalidad de “asistencialismo”.

“No tendremos 3,5 billones, tendremos menos. Llegaremos igual. Y volveremos para tener el resto”, prometió el mandatario.

Sus proyectos, repitió, utilizando una de sus expresiones favoritas, representan “la competitividad contra la complacencia. Crear oportunidades en lugar de declinar. Liderar el mundo o ver cómo el mundo nos adelanta”.

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