Imaginemos dos jóvenes talentosos comprometidos con estudiar una carrera. El primero ya está estudiando una carrera universitaria y necesita S/5.000 para terminar su último año. El segundo acaba de terminar el colegio y necesita financiar una carrera técnica completa, cuyo costo es de alrededor de S/15.000. Ambos necesitan financiamiento, pero difícilmente necesitan la misma solución.
Este es el caso de miles de jóvenes que cada año no cuentan con los recursos suficientes para financiar sus estudios de educación superior. ¿Qué hacer frente a necesidades de apoyo financiero tan distintas?
Mientras en el Perú estamos discutiendo si hay o no recursos para brindar solo 5.000 vacantes en Beca 18, otros países de la región llevan más de 50 años diseñando sistemas que combinan becas, créditos educativos y subsidios, con distintos esquemas de participación del Estado, las instituciones de educación superior y el sector privado.
Por ello, es necesario que se amplíe la discusión para proponer más opciones de financiamiento para la educación superior con recursos públicos y privados: becas integrales, pero también becas parciales, becas por impuestos y créditos educativos para el acceso y la culminación de estudios.
Con un portafolio de instrumentos diversos, pensados para realidades distintas, Beca 18 puede concentrarse en reducir la inequidad en el acceso de jóvenes en condición de pobreza o pobreza extrema. Y los créditos educativos pueden contribuir a resolver otros dos problemas generados por la falta de liquidez en familias que no necesariamente están en situación de pobreza.
¿Qué tan grande es cada reto? El primero es de cobertura: solo el 38% de quienes terminan secundaria pasa a la educación superior, y alcanzar la tasa de Chile (50%) exigiría que 36.000 jóvenes adicionales cuenten con recursos para financiar una carrera. El segundo es de continuidad: de los casi dos millones de estudiantes universitarios y de institutos, más de 881.000 ya enfrentan problemas financieros que ponen en riesgo su permanencia. En ambos casos, el problema no es necesariamente la falta de talento, sino la falta de una alternativa de financiamiento adecuada.
¿Cómo avanzar hacia una pluralidad de opciones de financiamiento para los estudiantes? Los países de la región han acumulado muchos aprendizajes durante las últimas décadas. Chile, Colombia, Brasil y Costa Rica muestran tanto los beneficios de ampliar el acceso mediante créditos educativos como los riesgos de hacerlo sin un diseño adecuado. En Chile, por ejemplo, el CAE llegó a entregar en su octavo año casi ocho veces más créditos de los que originalmente se habían proyectado. La experiencia demuestra que el problema no es que el crédito educativo no funcione, sino que un diseño débil puede comprometer la sostenibilidad financiera del sistema o generar incentivos no deseados.
El Perú tiene hoy la oportunidad de aprender de estas experiencias. “Invertir en el talento: Hacia un modelo sostenible de créditos educativos en el Perú”, reciente estudio de Cappes, recoge qué funcionó, qué no funcionó y qué condiciones hacen sostenibles los créditos educativos en los principales países de la región. A partir de estas lecciones, planteamos dos modelos de crédito educativo para el Perú.
El primero busca evitar la deserción por falta de liquidez y puede ser impulsado directamente por las instituciones de educación superior, fintechs y entidades financieras, sin requerir inversión estatal. El segundo busca ampliar el acceso a carreras de educación superior y requiere una nueva política pública, con un esquema en el que el Estado y las instituciones compartan el riesgo y el repago se vincule progresivamente a los ingresos de los egresados. Ambos modelos incorporan mecanismos para proteger a las familias y asegurar la sostenibilidad del sistema —como cuotas escalonadas, criterios de calidad y empleabilidad y garantías compartidas—, de modo que el crédito no solo financie estudios, sino que ayude a orientar recursos hacia una educación de calidad con mejores resultados laborales.
Algo que hemos aprendido en estos últimos años es que el Perú necesita cuidar su talento y apostar por la educación como una de las vías para salir adelante. Los dos estudiantes con los que inicié este artículo —uno que necesitaba S/5.000 para terminar su último año y otro que necesitaba financiar una carrera completa— no presentan el mismo problema ni necesitan la misma solución. Evidencian la importancia de construir un sistema capaz de ofrecer a cada estudiante la oportunidad que necesita para desarrollar su talento.
El inicio de un nuevo gobierno abre una oportunidad para pensar la educación superior como un verdadero ecosistema, en el que Estado, universidades, institutos y sector privado puedan encontrar nuevas formas de invertir en el talento. Eso supone contar con instrumentos diversos y complementarios: con becas para quienes más lo necesitan, pero también con créditos y nuevas formas de financiamiento que permitan ampliar el acceso y sostener las trayectorias educativas. Es momento de traer nuevas soluciones para construir un sistema que multiplique las oportunidades que brindan las propias instituciones de educación superior, el Estado y el sector privado. Y para que más jóvenes puedan desarrollar el talento profesional y técnico que el país necesita.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.