A pocos días de la juramentación del nuevo gobierno, gran parte de la discusión gira en torno a la economía. ¿Aumentará la inversión privada? ¿Se recuperará el crecimiento? ¿Se reducirá la pobreza? ¿Se generará empleo? Después de años de inestabilidad política y bajo crecimiento, los indicadores económicos volverán a ocupar el centro del debate público. Durante la campaña, además, fueron parte importante de las propuestas de los candidatos.
Sin embargo, existe el riesgo de reducir el éxito de un gobierno únicamente a la evolución de las estadísticas. El crecimiento del PBI, la inflación, la inversión o la pobreza son fundamentales para evaluar el desempeño económico, pero no siempre explican cómo viven realmente las personas. Un país puede mostrar mejores indicadores y, al mismo tiempo, mantener ciudadanos frustrados, inseguros o desconectados de las instituciones.
Los resultados de la segunda vuelta son una muestra de ello. Más allá de quién obtuvo la victoria, la elección dejó un país profundamente fragmentado. Según una encuesta de Datum, el 76% de los peruanos considera que el país está dividido. En un contexto así, no basta con que las cifras macroeconómicas mejoren. Una parte importante de la población evalúa la realidad desde su experiencia cotidiana y puede sentir que esos avances no llegan a su vida diaria.
Un ejemplo reciente ilustra bien esa tensión. En mayo, el INEI informó que la pobreza monetaria se redujo de 27,6% a 25,7% durante 2025, lo que significa que alrededor de 567 mil personas salieron de la pobreza. Es una noticia positiva y un dato que no debería minimizarse. Sin embargo, para muchos peruanos esa mejora no se traduce en una percepción de mayor bienestar. Si las personas siguen sintiendo inseguridad, incertidumbre económica o falta de oportunidades, difícilmente harán propia esa estadística. Esa brecha entre los indicadores y la experiencia cotidiana ayuda a entender el voto de protesta que se expresó en las urnas y el amplio respaldo a opciones que prometían un cambio frente a un país que, para una parte importante de la población, no estaba mejorando al mismo ritmo que mostraban las cifras.
Tener más datos no significa necesariamente comprender mejor la realidad. La información es indispensable para tomar decisiones, pero requiere contexto, interpretación y, sobre todo, contacto con las personas que están detrás de cada número. Esta reflexión fue planteada recientemente por Vinay Ahuja, vicepresidente de Analytics and Insights para Europa de Procter & Gamble, en una entrevista para Insights Plaza. Al recordar una visita a la vivienda de una familia durante una investigación de mercado, contó que encontró una realidad que ninguna hoja de Excel había logrado mostrarle. «Nada de lo que veía en la vida diaria coincidía completamente con el modelo construido a partir de los datos». La experiencia le recordó que los números describen patrones, pero las personas explican las razones.
La lección trasciende el mundo empresarial y resulta especialmente pertinente para la política. Los indicadores pueden mostrar cuánto creció la economía, pero difícilmente explican por qué una madre sigue sintiendo miedo cuando su hijo sale a la calle, por qué un pequeño empresario decide no invertir debido a la extorsión o por qué un joven considera que tendrá menos oportunidades que sus padres. Esas respuestas rara vez aparecen en una base de datos.
Gobernar exige combinar evidencia con escucha. Las estadísticas permiten identificar tendencias, asignar recursos y evaluar políticas públicas. Pero escuchar a los ciudadanos, observar cómo viven y comprender sus preocupaciones permite interpretar correctamente esos números y diseñar respuestas más efectivas.
El nuevo gobierno tiene por delante el desafío de recuperar la economía, pero también de reconstruir la confianza. Si las personas no sienten que su vida cotidiana mejora, difícilmente creerán en los avances que muestran las estadísticas. Al final, la información más importante de un país no está solo en los indicadores, sino en la gente, porque son las personas las que dan sentido a los números.