Duelo, reflexión, paz y esperanza

“Más allá de la celebración consumista, que prevalece, lo que realmente urge en esta Navidad de cara al ignoto 2023 tiene que ver con nuestros proyectos, tanto privados como colectivos, el abordaje de nuestras múltiples pérdidas e ilusiones, pero, sobre todo, con la violencia”.

    Carmen McEvoy
    Por

    Historiadora

    Resumen

    Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

    (Ilustración: Giovanni Tazza)
    (Ilustración: Giovanni Tazza)

    Cuando Enrique falleció prometí nunca más volver a armar un árbol de Navidad. El que tengo lo compró él, que además estableció la tradición de añadir anualmente ornamentos novedosos. Eran estos recordatorios tintineantes los encargados de marcar los eventos en la docena de meses que llegaba a su fin. En una ceremonia siempre risueña, recorríamos nuestro pasado compartido, reinstalando el espíritu navideño en el hogar que algunas veces anidaba en Sewanee y otras, en La Punta. Este año regresé al distrito marinero en el que nos conocimos y me armé de valor para abrir aquella caja llena de esferas multicolores, lazos, ángeles, elfos, luces, guirnaldas, estrellas y fotografías. Mi propósito era repetir, en solitario, el acto de reconstruir pedazos enteros de una historia que, a pesar de su ausencia, sigue uniéndonos. Cada pieza, incluidos los pajaritos dorados y rojos que compré para celebrar nuestra última Navidad, fueron incorporados al viejo árbol y en el camino fui evaluando una vida que, con sus luces y sombras, nos hizo crecer como seres humanos. Mientras llevaba a cabo mi peculiar interpretación de un viejo ritual pagano –no hay que olvidar que los celtas colgaban frutos y vegetales en sus robles durante el solsticio de invierno– sentí la transición de la pena profunda al agradecimiento por todo lo vivido, incluido el dolor que va y viene, y con el que aprendo a coexistir.

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