Hay un nuevo ciclo político que empieza a organizarse. Observen el panorama político, sin pasiones ni lentes ideológicos de por medio. Si uno mira la historia (y la historia política) como lo haría Braudel, estaríamos en un período de “onda media”, de aquellos ciclos que son perceptibles pero no inmediatos. De hecho, muchos analistas coinciden en identificar este cambio de época.
La victoria de Enrique Valderrama en las internas del Partido Aprista representa algo de ese nuevo ciclo político —de ese nuevo ciclo de “onda media”— que empieza a organizarse de manera lenta. El ciclo anterior estuvo marcado por la polarización fujimorismo/antifujimorismo, una guerra de religiones y excomuniones que agrietó los cimientos de las instituciones de la República, aunque aún se mantienen sus secuelas. En el nuevo ciclo que viene aún no se define claramente la nueva polarización, pero ya surgirá.
Ahora bien, ¿la elección de Valderrama es el regreso del APRA, mejor dicho del Partido Aprista? ¿Qué oportunidades tiene en las próximas elecciones presidenciales? Semejantes preguntas no son sencillas de contestar; no obstante, haremos ejercicios y aproximaciones.
Huelga decir que el Partido Aprista es un partido viejo. Viejo de verdad. Un año más antiguo que el PRI de México, fundado por Plutarco Elías Calles, “El Turco”, enemigo de Zapata. Vale advertir además que a principios de siglo se organizaron varios partidos alrededor de las ideas del APRA. Allí está, por ejemplo, el Partido Aprista Cubano de Eddy Chibás, en el que luego militaría Fidel Castro, pero eso es harina de otro costal.
¿Por qué el Partido Aprista se hizo masivo y popular desde su primera organización? Semejante pregunta tiene relación con lo que ahora sucede. Vale mirar, entonces, la sociología. El Partido Aprista fue el primer partido que representó a las clases medias emergentes del norte agrícola y de Lima. En las primeras décadas del siglo XX, en el Perú hubo un crecimiento económico así como un aumento en el tamaño estatal. Esa nueva clase media, resultado del crecimiento económico, no pudo ser representada políticamente por los “partidos viejos” de la mal llamada República aristocrática. Se alzó así un partido antiestablishment.
Poco se ha dicho, pero Haya tuvo la sagacidad del sociólogo cuando constituyó un partido policlasista y no de clase, como mandaba el manual leninista. Y si se observa de otra manera, el Partido Aprista fue el vehículo de la modernidad política de los sectores populares y emergentes. El aprismo se convirtió en el canal de modernidad popular de dichos sectores. En otras palabras, el aprismo peruano fue sociología más política.
¿Volvemos entonces a la pregunta sobre qué oportunidades electorales tiene el Partido Aprista y la elección de Valderrama? Nuevamente, observen la sociología nacional. Hoy hay nuevas clases medias emergentes y populares, resultado de más de tres décadas de crecimiento económico gracias a las reformas de mercado. Hay una nueva sociedad popular de clases medias con sus propias afirmaciones, demandas y, sobre todo, aspiraciones. Miren las “Limas”, la gran urbe que acoge a la segunda y tercera generación de provincianos, los nuevos limeños. Lima es hoy la primera ciudad andina. El soundtrack de esa segunda generación fue “Triciclo Perú” de los Mojarras: chicha más rock. De la tercera aún no hay música de fondo porque falta la “comprensión artística”.
La oportunidad del Partido Aprista está entonces en el mundo popular, emergente y de nuevas clases medias. Ese es el mismo mundo popular de las “callampas” chilenas, del “conurbano” argentino y de los barrios bolivianos que han votado por el antiestablishment, por la reforma y no por la revolución; que sorprenden a las encuestadoras y a la ciencia política, y que han roto el típico eje izquierda/derecha. Valderrama propone ahora una “agenda social”. Por allí va el tema en el cortísimo tiempo y quizá esté tocando los acordes correctos que lo podrían convertir en el “outsider” de una campaña rápida. Pero, ojo, el aprismo propuso siempre una modernidad popular y alternativa; y si uno también observa bien la actual sociología nacional, de fondo hay una demanda por un nuevo proyecto de modernidad. Ese enorme vacío, el nuevo aprismo de Valderrama lo podría cubrir.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.