El Perú se prepara para unos comicios cuyos resultados probablemente se disputen tanto o más que en el 2021. Esto va en línea con una tendencia regional: entre mayo del 2020 y abril del 2024, una de cada tres elecciones estuvo marcada por algún tipo de disputa, ya sea boicots, no reconocimiento de resultados o impugnaciones judiciales (Global State of Democracy, 2024). En este escenario de mayor conflictividad electoral, es razonable pensar que los errores o fallas de miembros de mesa pueden alimentar este problema, incluso cuando no haya ninguna intención o capacidad real de distorsionar los resultados. Por eso, el desempeño de quienes asuman ese rol preocupa más ahora, en un entorno donde la desconfianza encuentra terreno fértil.
Además, hay un elemento que no ha sido parte de nuestra experiencia electoral reciente, y que podría resultar importante para la confianza en el proceso: el recuento de votos. Si un acta tiene errores graves o inconsistencias que no pueden corregirse mediante el cotejo con otras copias, un Jurado Electoral Especial puede activar el mecanismo. En términos simples, esto implicaría volver a contar manualmente las cédulas en una audiencia pública. Si bien su finalidad es corregir errores y evitar que votos válidos se anulen, al tratarse de un procedimiento público y probablemente difundido en tiempo real en plataformas digitales, puede incidir en la percepción de legitimidad del proceso.
¿Las y los miembros de mesa nos preocupan entonces? Sí. Tendrán una jornada exigente y larga, como en procesos previos, pero esta vez con más formatos que completar por la bicameralidad y la elección mixta del Senado, además de formatos más extensos debido al mayor número de organizaciones políticas en competencia. También es posible que continúe la menor participación de miembros de mesa, lo que obligaría a recurrir con más frecuencia a ciudadanos de la fila; sin embargo, medidas como el aumento de la compensación económica a S/165 y la ampliación del número de suplentes podrían ayudar a mantenerla o incluso mejorarla. Para apoyarlos mejor, conviene partir de su propia experiencia. Una encuesta de la ONPE a casi 24.000 miembros de mesa tras las elecciones del 2022 mostró que su principal problema fue la falta de tiempo para almorzar (43%). Le siguieron las dificultades en el llenado de actas (27%), el conteo de votos (21%) y las dudas sobre la validez de los votos (17%).
Pero no son los únicos que sostienen la jornada. El proceso funciona como un ecosistema en el que intervienen múltiples actores dentro y fuera de los locales de votación: el personal de los organismos electorales, que acompaña y supervisa el desarrollo de la jornada; los personeros y observadores; así como las propias organizaciones políticas, los medios de comunicación y las redes de periodistas en regiones. A esto se suma la coordinación entre los tres organismos electorales para atender de manera oportuna cualquier contingencia. Es en esa red de responsabilidades compartidas donde se sostiene y se refuerza la credibilidad del proceso electoral.
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