El día de la marmota

“Parecería que los peruanos estuviésemos atrapados en un mismo día electoral que se repite, una y otra vez, con el mismo mapa electoral, con los mismos triunfadores y vencidos, con el mismo desenlace”.

    Carlos Meléndez
    Por

    PhD en Ciencia Política

    Ilustración: Víctor Aguilar Rúa
    Ilustración: Víctor Aguilar Rúa

    Los científicos sociales recurrimos frecuentemente a dos marcos interpretativos para entender fenómenos políticos como, por ejemplo, los resultados electorales. El primero apuesta por una explicación estructural. Las divisiones y fracturas sociales, congeladas en el tiempo, ayudan a comprender la mayoría de los eventos políticos. Profundos desencuentros históricos, ya sean de clase, de territorio, de presencia estatal, entre otros, explican que, por ejemplo, el país se divida previsiblemente en dos cuando vamos a las urnas en un balotaje. El segundo, por su parte, pone énfasis en la capacidad de agencia que tienen los actores políticos que son capaces de escapar del fatalismo impuesto por la historia y las estructuras. Es decir, decisiones estratégicas y narrativas persuasivas de los líderes partidarios permiten relativizar el peso de variables “tan determinantes” como clase y origen geográfico en la decisión que finalmente marcarán los electores en una segunda vuelta.

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