La “Teoría del Caballo Muerto” es una metáfora de gestión que evidencia la ineficacia de persistir en organizaciones y proyectos que ya no generan valor. La idea se inspira en la sabiduría tribal Dakota, en que se debe reconocer la realidad y cambiar el enfoque en vez de persistir en esfuerzos inútiles. Sin embargo, se cree que, cambiando la montura, el jinete, o el cuidador; el caballo volverá a ser ágil y veloz. En lugar de “desmontar y buscar otro caballo” (nuevos arreglos institucionales) seguimos insistiendo en lo imposible.
Un ejemplo sobre esto es EsSalud, entidad que continúa desaprovechando recursos en lugar de abandonar arreglos institucionales y prácticas ineficaces. Cerca del 50% de los asegurados en EsSalud no se atienden en sus centros de salud y, aun así, hay colas y racionamiento de servicios y medicamentos. En 2026, su presupuesto fue de S/17,400 millones, pero sus asegurados gastan de su bolsillo en atención de salud y medicamentos un aproximado de S/6,100 millones (el equivalente al 35% del presupuesto total de EsSalud). En ese sentido, EsSalud ha fracasado en dar protección financiera a sus afiliados.
El apartado organizacional y prestacional, y la asignación de recursos humanos y presupuestales, son ineficientes. EsSalud solo tiene el 12% del presupuesto y el 16% del personal en el primer nivel de atención, cuando en ese nivel se debe responder al 70% de las enfermedades. Los hospitales de nivel III que deberían cubrir 10% del total de pacientes con atenciones de complejidad alta, poseen el 49% del presupuesto y el 43% del personal. Por otro lado, la sostenibilidad financiera está en rojo: El estudio actuarial de la OIT EsSalud señala que la proyección a partir de 2023 enfrenta costos unitarios mayores a los ingresos unitarios. Esta situación, determina más tiempos de espera para la atención ambulatoria y cirugías, y una menor disponibilidad de medicamentos.
En tanto, la corrupción es el flagelo número 1 en EsSalud: de acuerdo con el Índice de Riesgos de Corrupción e Inconducta Funcional (INCO) 2024, de 2,928 entidades públicas a nivel nacional, la Municipalidad Provincial de Huamanga (Ayacucho) tiene 87 puntos sobre 100 en nivel de corrupción, mientras que el Seguro Social de Salud ESSALUD (Lima) asciende a 86.2 puntos, siendo estos centros los que lideran el ranking de mayores riesgos de corrupción e inconducta funcional a nivel nacional.
Maquillajes de gestión no van a resolver el problema actual. Se requiere un cambio de timón drástico: la separación de roles de financiamiento y provisión es urgente. Se sugiere que la Institución Administradora de Fondos de Aseguramiento en Salud (IAFA-EsSalud) administre el fondo de salud, multiplicando el dinero vía inversiones y comprando servicios de calidad a prestadores al menor costo posible, a través de contratos que use mecanismo de pagos, con metas de atención y resultados sanitarios. Este proceso promueve un mercado competitivo y regulado donde los prestadores ofertan servicios de calidad y controla costos de producción. Las redes de salud tendrían que organizarse en Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPRESS), bajo diversas modalidades de gestión y abriendo la opción de alianzas público-privadas. Finalmente, se debe iniciar el proceso de cambios con un cronograma corto sobre la base de la legislación vigente del DS-010-2016, que establece la separación de roles de financiamiento y provisión. El sueño es posible: construir una seguridad social resiliente y eficaz que, de resultados sanitarios, asegure satisfacción del usuario y protección financiera plena.
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