LoteríasNo es plagio, es copIA
“La paradoja de este desarrollo es que pareciera forzarnos a los humanos a tener que, a partir de ahora, escribir de forma mediocre, para no ser tachados de máquina o ‘spam de IA’”.

Profesor en EADA Business School - Barcelona

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

La semana pasada, el Financial Times (FT) colocó un bochornoso encabezado a una columna de opinión escrita por el reconocido profesor y académico de la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, Ricardo Hausmann. En ella, el diario británico señalaba que “[habían] tomado conocimiento de que se utilizó IA para condensar un borrador más extenso de esta columna previo a su envío al FT y a la revisión de su comité editorial. El código editorial de conducta del FT prohíbe expresamente el uso de IA en el proceso de redacción”.
La semana pasada, el Financial Times (FT) colocó un bochornoso encabezado a una columna de opinión escrita por el reconocido profesor y académico de la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, Ricardo Hausmann. En ella, el diario británico señalaba que “[habían] tomado conocimiento de que se utilizó IA para condensar un borrador más extenso de esta columna previo a su envío al FT y a la revisión de su comité editorial. El código editorial de conducta del FT prohíbe expresamente el uso de IA en el proceso de redacción”.
Sorprendentemente, el periódico, en lugar de resolver el tema internamente con el economista (quizás un procedimiento “esperable” por tratarse de una figura de prestigio), decidió publicar la columna con ese texto, como si quisieran mandar un mensaje a quienes osaran utilizar atajos tecnológicos para la redacción de un texto. El bochornoso encabezado convertido en la cabeza que cuelga de una picota en la plaza digital, a vista y paciencia de todos a manera de escarmiento. Un recurso medieval en la era digital.
Ahora, la condena ética es notoria: en plena crisis financiera y de credibilidad de los medios de comunicación “tradicionales” a nivel global, son estos medios quienes tienen como mandato ser el filtro, broker o curador de contenidos y noticias que garantice a los lectores que aquello que llega a sus manos es información veraz y cuyo contenido sea creación 100% original de sus autores. La intervención de la IA sin transparentarlo previamente quiebra ese acuerdo, o lo que se conoce como deber fiduciario del medio periodístico con sus lectores, televidentes u oyentes.
¿Debe ser, por lo tanto, la IA quien sea condenada por este uso aplicado a la generación de contenidos y de propiedad intelectual? En absoluto. La IA es un instrumento y una herramienta de altísima potencia, que puede y deber ser utilizada para la mejora de procesos, incremento de productividad y generación de soluciones que nos facilite la vida a nosotros, sus usuarios. Ya en el 2023, McKinsey, en su estudio “The State of AI in 2023: Generative AI’s breakout year”, alertaba que 46% de ejecutivos y empleados encuestados a nivel global consideraban la IA como un riesgo importante para las organizaciones, mientras que solo 25% consideraba que se estaba trabajando para mitigar su riesgo. Para los encuestados, este problema era el tercer más importante, solo superado por riesgos de consistencia y ciberseguridad. De la misma manera, un estudio de Deloitte del 2024 destacaba que 81% de los encuestados estaba preocupado por riesgos legales y de violación de propiedad intelectual.
Sin embargo, su uso debe ser transparentado, y, en todo caso, limitado o restringido cuando el producto esperado es resultado de un supuesto análisis, esfuerzo intelectual o aplicación de conocimientos y experticia propios del autor.
Es muy probable que el profesor Hausmann no tuviera intención de dolo al momento de condensar su texto a través de la IA. Finalmente, los usuarios hemos consumido tantos bits alabando la herramienta por su potencial para el incremento de productividad, que es plausible que la haya usado meramente con ese fin: ahorrarse unos minutos. No obstante, la delgada línea que se cruzó y que no ha tolerado el FT ha sido definida por incumplir sus principios rectores y su deber fiduciario con sus lectores.
En el Perú, país tan aclimatado a la piratería, hemos perdido la sensibilidad ante la infracción intelectual. Por eso, resulta revelador para la buena praxis periodística lo que hace el FT, y es una medida que deberían replicar los medios periodísticos peruanos, y por supuesto, las universidades y centros académicos del país.
¿Apología de la mediocridad?
Este incidente sucede días después de que la red social profesional LinkedIn permitiera a sus usuarios reportar contenido que pareciera “spam de IA”. Tal medida se produjo en respuesta a la ola de generadores de contenido que irrumpió en esa plataforma, y donde empezaron a proliferar autores regurgitando contenido enlatado y genérico sin valor añadido por autores que apenas se limitaron a producir un prompt o comando que gatillara la maquinación inteligente del robot.
Como resultado, LinkedIn empezó a plagarse de autores enlatados, todos con la misma redacción y produciendo contenido de similares características, destruyendo el valor que generaría leer textos que recojan anécdotas, aprendizajes y experiencias genuinas de sus autores que pudieran ser aplicadas a lecciones para el ámbito laboral y corporativo.
Evidentemente, empresas líderes como OpenAI, Anthropic o Google –dueñas de ChatGPT, Claude y Gemini, respectivamente— han alimentado a sus motores de IA con los mejores ejemplos de redacción para la construcción de textos con sintaxis adecuada y gramaticalmente correctos.
La paradoja de este desarrollo es que pareciera forzarnos a los humanos a tener que, a partir de ahora, escribir de forma mediocre, para no ser tachados de máquina o “spam de IA”.
Por ejemplo, los guiones utilizados líneas arriba son creación del autor, pero se ha vuelto un mecanismo típico de detección de contenido generado por IA, debido a que no suele ser utilizado “generalmente” en la redacción de un texto. La buena redacción ahora es opacada por el escepticismo de quienes creen que solo una máquina puede y tiene derecho a escribir con cierto nivel de complejidad.
Curiosamente, esta apología a la mediocridad a la que parece llevarnos esta tendencia es contrastada por el suscitado interés que han despertado las carreras de humanidades para las grandes empresas de IA. Según The Economist, la demanda en estas empresas por profesionales en materias como filosofía, literatura o historia ha subido mientras que la que existía por carreras muy técnicas vinculadas al desarrollo de software, por ejemplo, ha caído. La observación adquiere mayor sentido si se toma en consideración que la IA se fundamenta en el arte (y la ciencia) de saber hacer preguntas: la capacidad esencial que un filósofo desarrolla por definición.
Una posible razón a la disrupción de esta tendencia sería la reivindicación de nuestro lado más humano: saber pensar, analizar con mente crítica, y expresar nuestras ideas con claridad verbal y escrita. Llama poderosamente la atención que sean estas cualidades las que, en definitiva, nos permitan diferenciarnos de plano de unas máquinas que van a saber calcular y procesar datos de una manera exponencialmente más potente a la nuestra.
La belleza de la palabra bien escrita, el análisis transmitido de manera persuasiva y asertiva, y las conexiones interpersonales que podamos generar entre nosotros sería el salvoconducto para la humanidad.
De lo contrario, el futuro que se avizora puede ser muy similar al de la serie de ciencia-ficción Pluribus, donde los pocos humanos que queden tendrán que enfrentarse a una sola entidad que sabe comunicarse a través de millones de autómatas con el único objetivo de agradar a sus interlocutores, ser omnipresentes, y reproducir contenido enlatado que nos impida dar a conocer quiénes somos, lo que pensamos, y cómo sentimos. En definitiva, el fin de la especie.
*El texto fue escrito y editado en su integridad por el autor, sin uso de IA.










