Mañana, más de 27 millones de peruanos en todo el país y alrededor del mundo están llamados a votar en unas nuevas elecciones generales. Ya hemos mencionado desde este espacio la importancia de evitar el sufragio en blanco o viciado, y explicado los problemas que este trae consigo en cuanto a la reducción del universo de votos válidos y, en consecuencia, a la legitimidad de las autoridades elegidas, que terminan obteniendo en el conteo final un apoyo mayor del que realmente tienen.
Pero existe un problema todavía mayor entre el electorado con consecuencias descomunales en el destino del país: el ausentismo. En las elecciones generales del 2011 y 2016 –tanto en primera como en segunda vuelta–, el porcentaje de votantes peruanos que no acudió a las urnas osciló entre el 16% y 20% del total. Esta cifra creció en el 2021, cuando llegó al 30% en primera vuelta y al 25% en el balotaje. Dicho de otro modo, hace cinco años, casi seis millones y medio de peruanos no votaron en el cara a cara entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori, una elección que, como todos sabemos, se definió por menos de 45.000 votos. Y, a juzgar por lo apretadas que están las preferencias en las últimas encuestas, ir o no a votar hará la diferencia en el resultado final.
El llamado a cumplir con el país, sin embargo, no es solo para los electores. Los más de 800.000 peruanos que han sido sorteados para ser miembros de mesa son una pieza clave para el éxito de la jornada electoral. Recordemos que, en el 2021, en Lima, los votantes de distritos como Surco, Miraflores, San Borja y San Isidro tuvieron que esperar durante horas para poder sufragar debido a que las mesas no estaban instaladas por la demora –o inasistencia– de quienes las integraban. El domingo pasado, este Diario informó que, según la ONPE, solo el 52% de los miembros de mesa había cumplido con las capacitaciones correspondientes. Ojalá que quienes faltan lo hayan hecho en estos días, más aún considerando que pueden capacitarse de manera virtual. No está de más mencionar que quienes cumplan con su labor recibirán un pago.
Hace cinco años, en la segunda vuelta, casi 19 millones de peruanos –incluidos grupos vulnerables, como los adultos mayores– fueron a votar en medio de una pandemia, con mascarilla y con una serie de restricciones. Por lo que sería inadmisible que hoy, en un contexto sanitario completamente diferente y sin el azote de fenómenos climáticos, millones de peruanos decidan quedarse en sus casas en lugar de acudir a su local de votación (locales, en muchos casos, que ellos mismos han elegido). No hay excusa que valga. Todos a votar mañana.