El fenómeno de El Niño costero ya no es una amenaza distante: la alerta vigente desde marzo se prolongaría, según el Senamhi, hasta el próximo verano, con magnitud similar a la de 1998. Ante ese horizonte, y con el país aún a tiempo de prepararse, ha surgido una iniciativa que merece reconocimiento: el comando privado que agrupa a la Sociedad Nacional de Industrias, la Confiep, AGAP y la Sociedad Nacional de Minería, entre otros gremios, con el propósito de poner recursos, maquinaria y capacidad de gestión al servicio del Estado.
El fenómeno de El Niño costero ya no es una amenaza distante: la alerta vigente desde marzo se prolongaría, según el Senamhi, hasta el próximo verano, con magnitud similar a la de 1998. Ante ese horizonte, y con el país aún a tiempo de prepararse, ha surgido una iniciativa que merece reconocimiento: el comando privado que agrupa a la Sociedad Nacional de Industrias, la Confiep, AGAP y la Sociedad Nacional de Minería, entre otros gremios, con el propósito de poner recursos, maquinaria y capacidad de gestión al servicio del Estado.
Que esta tarea la encabece Carlos Neuhaus no es casualidad. El empresario ya demostró, al frente de la organización de los Juegos Panamericanos Lima 2019, que sabe ejecutar proyectos complejos en plazos ajustados y con presupuestos contenidos. También aportó su experiencia durante la crisis del COVID-19, cuando el sector privado se articuló con el Estado ante una emergencia que desbordaba a la burocracia. Esa trayectoria explica el respaldo del Ministerio de Economía y Finanzas y por qué la presidenta Keiko Fujimori confirmó que él coordinará los esfuerzos privados.
El plan de trabajo revela seriedad. Se elabora un inventario de maquinaria para movimiento de tierras y descolmatación de ríos, se evalúa el uso de camiones mineros de gran capacidad y se ha propuesto una oficina de gestión de proyectos inspirada en el método aplicado durante los Panamericanos: reuniones semanales, responsables definidos y planes alternativos ante cada obstáculo. Se suma un componente sanitario, con una lista anticipada de posibles enfermedades –dengue y chikunguña, entre ellas– para evitar la escasez de medicamentos que se vivió con las vacunas durante la pandemia.
Neuhaus ha fijado prioridades claras: primero salvar vidas, luego mantener la economía en marcha y, en paralelo, preparar una reconstrucción bien planificada. Es una jerarquía sensata, que no busca sustituir al Estado sino complementarlo, coordinando con la comisión pública encargada de la emergencia y evitando la duplicidad que tanto ha costado al país en desastres pasados.
Este comando privado no reemplaza, desde luego, las obligaciones del Gobierno. La prevención estructural –ríos, puentes, saneamiento– sigue siendo responsabilidad ineludible del Estado y no puede depender de la buena voluntad empresarial. Pero en un país donde la desarticulación institucional ha costado vidas en cada episodio climático, la disposición del sector privado a aportar organización y experiencia técnica es una noticia auspiciosa. Ojalá el Gobierno sepa aprovechar, con la agilidad que la emergencia exige, esta mano tendida.