(Ilustración: Giovanni Tazza)
(Ilustración: Giovanni Tazza)
Iván Alonso

Economista

Las fintech brindan servicios financieros con tecnología inalámbrica. No tienen agencias; todo se hace por internet. Cada día son más. Algunas dan préstamos, otras cambian monedas y otras son simplemente plataformas de pagos. Los bancos las sienten como una amenaza. Son más ágiles para aprobar préstamos y dan, según dicen, mejor tipo de cambio. Pero, a la larga, quizás no lo sean. Pues, a menos que el sistema monetario imperante en el mundo cambie radicalmente, las fintech no pueden vivir sin los bancos.

El negocio de las fintech consiste básicamente en mover depósitos de una cuenta a otra. Depósitos bancarios, naturalmente. A diferencia de los bancos, las fintech no pueden crear depósitos. El banco crea un depósito cada vez que hace un préstamo. No le entrega a usted la plata en la mano; le crea una cuenta donde le “desembolsa” el préstamo. Usted puede retirarla después, a su conveniencia, del cajero o en ventanilla. Puede también girar un cheque o hacer una transferencia para pagarle a la señora que le está vendiendo la casa, a los proveedores de su empresa o a los contratistas de su proyecto.

Los bancos tienen el privilegio de crear depósitos porque son parte de un sistema de compensación que hace posible reducir el saldo de una cuenta en el banco A para aumentar simultáneamente el de otra en el banco B. Por eso puede usted recibir una transferencia interbancaria. Por eso puede aceptar un cheque de un banco que no es el suyo. Para tener ese privilegio, una fintech tendría que dejar de ser una fintech y convertirse en un banco.

Mientras eso no suceda, las fintech tendrán que operar a través de cuentas de depósitos en los distintos bancos del sistema. Son, de cara a los bancos, como un depositante más, que hace y recibe transferencias de las cuentas bancarias de otras personas. Se parecen más a los bancos de inversión que operan en el mercado de capitales que a los bancos comerciales porque recolectan depósitos de sus inversionistas para transferírselos a sus clientes.

Lo que hace un banco de inversión cuando coloca un bono en el mercado de capitales es, en efecto, recolectar en una cuenta bancaria los fondos que le transfieren los inversionistas desde sus respectivas cuentas y luego transferir el monto recolectado a la cuenta de la compañía que emite el bono. Los bancos comerciales compiten hasta cierto punto con los bancos de inversión. Pero a veces les resulta mejor dejar que sus clientes se financien con bonos porque no pueden comprometer tal cantidad de fondos por plazos tan largos, como sí pueden hacerlo algunos inversionistas.

Las fintech pueden ser un complemento útil para los bancos en el extremo opuesto. Si de verdad pueden procesar ciertas transacciones a menor costo, como los préstamos a las mypes o la compra-venta de dólares, a los bancos les convendría cederles ese terreno y concentrarse en lo que pueden hacer mejor, como los préstamos a las empresas más grandes, que requieren una evaluación más profunda y una negociación más compleja.

No cabe duda de que la tecnología está cambiando el mercado financiero. Las fintech son parte de ese cambio, y su presencia se hará sentir cada vez más. Pero no reemplazarán a los bancos. Encontrarán más bien una manera de convivir que sea mutuamente beneficiosa, y una parte de esos beneficios se trasladará eventualmente al usuario.