Con el paso de los años, los especialistas siguen insistiendo en la importancia de mantener un estilo de vida saludable a través de hábitos como la actividad física regular, donde acciones tan simples como caminar o correr pueden marcar una gran diferencia en la salud. Además, expertos en medicina y actividad física coinciden en que mantener el cuerpo en movimiento de manera constante también contribuye a mejorar la salud mental, reducir los niveles de estrés y fortalecer el sistema cardiovascular. No obstante, muchas personas todavía se preguntan cuál de estas dos prácticas ofrece mayores beneficios para prevenir enfermedades como la hipertensión, el colesterol elevado o la diabetes, entre otras afecciones. En esta nota te contamos qué señalan distintos estudios sobre ambos hábitos, por qué resultan tan importantes para el bienestar general, cuál suele ser más recomendado según cada objetivo y otros aspectos clave relacionados con la salud.
El sedentarismo se define como la realización de actividades que demandan un gasto mínimo de energía mientras la persona permanece despierta, según explica la Organización Mundial de la Salud. En ese contexto, el organismo advierte que uno de cada cuatro adultos en el mundo —alrededor de 1.400 millones de personas— no alcanza los 150 minutos semanales de actividad física moderada recomendados para mantener una buena salud.
Frente a esta realidad, especialistas resaltan la importancia de incorporar ejercicios como caminar, trotar, correr o incluso participar en maratones, especialmente entre la población adulta, como parte de una rutina saludable y constante.
De acuerdo con información difundida por Runner’s World, una de las publicaciones digitales más reconocidas en el mundo del running, diversos estudios científicos coinciden en que todas estas actividades favorecen la quema de grasa y calorías, además de aportar múltiples beneficios para el organismo. Sin embargo, la principal diferencia radica en la eficacia de cada ejercicio según factores como la intensidad, el ritmo y las distancias recorridas.
Al respecto, un trabajo publicado en la revista Medicine & Science in Sports & Exercise, concluye que tanto caminar como correr demanda cierto porcentaje de gasto energético, pero al comparar ambas actividades físicas con “ecuaciones de predicción”, el resultado expresa que el consumo de vigor, potencia e ímpetu de cada persona es un 30% mayor cuando se recorren largos trayectos.
Es importante señalar que cualquier tipo de actividad física aporta beneficios significativos para la salud, tal como lo sostiene la propia Organización Mundial de la Salud. Según estimaciones del organismo, el 31% de los adultos y el 80% de los adolescentes en el mundo no alcanzan los niveles mínimos recomendados de ejercicio físico, una situación que podría generar un fuerte impacto en los sistemas sanitarios durante los próximos años.
De hecho, la entidad advierte que, si los gobiernos no implementan medidas efectivas para incentivar la práctica deportiva y los hábitos saludables, hacia el año 2030 los sistemas públicos de salud podrían enfrentar gastos cercanos a los 300 mil millones de dólares debido a enfermedades asociadas al sedentarismo.
En relación con este tema, también destaca una investigación publicada hace más de una década en la revista científica Arteriosclerosis, Thrombosis and Vascular Biology. El estudio concluyó que tanto el ejercicio moderado, como caminar, como el ejercicio vigoroso, como correr, producen efectos similares en la reducción del riesgo de hipertensión, colesterol elevado, diabetes mellitus e incluso posibles enfermedades coronarias, tras evaluar a cerca de 50 mil personas.