Por Kenyi Peña Andrade

Aunque la vestimenta suele asociarse principalmente con la apariencia, también funciona como una forma de comunicación no verbal que influye en la manera en que otros interpretan nuestra presencia e incluso ciertos rasgos de personalidad. Desde la perspectiva de la psicología del color, el cerebro procesa los tonos de manera casi inmediata, generando juicios rápidos sobre la actitud, el carácter o la seguridad de una persona. Si bien la inteligencia no está determinada por lo que alguien viste, la elección de determinados colores puede reforzar una imagen de seguridad, control y claridad en contextos sociales o profesionales donde la percepción juega un papel importante. En ese sentido, algunos estudios sobre percepción visual y comportamiento sugieren que ciertas tonalidades transmiten mayor autoridad y confianza. A partir de ello, se ha popularizado la idea de que existen colores que suelen ser preferidos por personas asociadas a perfiles analíticos o altamente enfocados, capaces de proyectar una imagen de firmeza y pensamiento estructurado en su entorno.