Por Kenyi Peña Andrade

Después de una jornada llena de tareas y obligaciones, el cuerpo necesita recuperar energías durante el descanso nocturno. No obstante, hay quienes también acostumbran dormir unos minutos después del almuerzo para aliviar el cansancio acumulado. Este hábito, conocido como siesta, puede convertirse en una pausa reparadora cuando se realiza en condiciones adecuadas y durante un periodo apropiado. Además de proporcionar una sensación de descanso, dormir brevemente a lo largo del día ha despertado el interés de especialistas que buscan comprender sus efectos sobre el funcionamiento cerebral. Frente a ello, una investigación científica examinó los posibles beneficios de estas pausas y analizó cuánto deberían durar para favorecer procesos cognitivos relacionados con el aprendizaje y la memoria. Los hallazgos también invitan a prestar atención a la duración del sueño diurno, ya que no todas las siestas producen los mismos efectos. Por eso, conocer qué señala la evidencia científica puede ayudar a comprender cómo incorporar este descanso a la rutina sin perjudicar el sueño nocturno.

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