Toyota TS010: el brutal auto de Le Mans que llegó a romper las costillas de sus propios pilotos
El prototipo japonés fue desarrollado para competir contra los grandes fabricantes de resistencia de comienzos de los años 90. Su enorme carga aerodinámica, una estructura extremadamente rígida y un motor V10 de 3,5 litros lo convirtieron en uno de los autos de carreras más exigentes de su época
El monoplaza del Grupo C de Le Mans fue desarrollado para cumplir con las nuevas reglas del Campeonato Mundial de Sport Prototipos de la FIA de 1992. (Foto: difusión)
A comienzos de los años 90, Toyota buscaba dejar atrás su papel secundario en las carreras de resistencia. La compañía japonesa se encontró con una oportunidad en el cambio de reglamento que obligó a utilizar motores atmosféricos de 3,5 litros, una normativa que llevó a varios fabricantes a abandonar la categoría por sus elevados costos. Toyota, en cambio, decidió apostar por un nuevo prototipo: el TS010.
A comienzos de los años 90, Toyota buscaba dejar atrás su papel secundario en las carreras de resistencia. La compañía japonesa se encontró con una oportunidad en el cambio de reglamento que obligó a utilizar motores atmosféricos de 3,5 litros, una normativa que llevó a varios fabricantes a abandonar la categoría por sus elevados costos. Toyota, en cambio, decidió apostar por un nuevo prototipo: el TS010.
Para desarrollar el auto, Toyota recurrió al diseñador británico Tony Southgate, reconocido por su trabajo en prototipos ganadores de Le Mans. El resultado fue un vehículo construido con una importante utilización de fibra de carbono y una aerodinámica enfocada en generar grandes cantidades de carga para mantenerlo pegado al asfalto.
El corazón del TS010 era un motor V10 atmosférico de 3,5 litros, denominado RV10. Este propulsor podía girar hasta las 11.000 rpm y entregaba alrededor de 650 caballos de potencia. También incorporaba soluciones propias de la competición, como lubricación por cárter seco y componentes fabricados con aleaciones de titanio.
Pero la búsqueda de rendimiento tuvo una consecuencia inesperada. Durante las pruebas realizadas en Australia en 1992, los pilotos comenzaron a experimentar las exigencias físicas que provocaba el prototipo.
En una curva de alta velocidad, que se tomaba a unos 315 km/h, una ondulación del asfalto combinada con la rigidez de la estructura y la carga aerodinámica generó fuertes movimientos verticales. El piloto británico Andy Wallace terminó con dos costillas fracturadas. Al día siguiente, el japonés Ryōtarō Ogawa sufrió una lesión similar en el mismo sector del circuito.
La fatiga ósea se produce por las llamadas fracturas por estrés. Entre los principales factores que pueden provocarla se encuentran el entrenamiento intensivo (acondicionamiento militar, atletismo, etc.) y la exposición a entornos extremos, como en el caso de los astronautas.. (Foto: difusión)
/ Difusión
El problema estaba relacionado con la forma en que el auto transmitía las fuerzas al habitáculo. La estructura rígida, necesaria para conseguir el comportamiento buscado en pista, dejaba poco margen para absorber las cargas que recibía el piloto. El TS010 comenzó entonces a ser conocido con un particular sobrenombre: “Bone Crusher”, o “quebrantahuesos”.
Toyota realizó modificaciones para reducir el impacto físico sin comprometer el desempeño. El objetivo era mantener las prestaciones de un prototipo que había sido concebido para competir al límite.
Segundo en Le Mans
El verdadero examen llegó en las 24 Horas de Le Mans de 1992. El TS010 consiguió clasificarse segundo y llegó a liderar algunos momentos de la carrera con Geoff Lees, Ryōtarō Ogawa y David Brabham al volante.
Sin embargo, el consumo de combustible del V10 terminó jugando a favor del Peugeot 905 Evo 1B, que administró mejor sus paradas en boxes. El Toyota cruzó la meta en segundo lugar, logrando hasta entonces el mejor resultado de la marca japonesa en la mítica prueba francesa.
El TS010 tuvo una vida competitiva corta y la categoría de prototipos de 3,5 litros desapareció poco después. Sin embargo, su desarrollo ayudó a Toyota a consolidarse en la resistencia y abrió el camino para futuros proyectos, hasta llegar al TS050 Hybrid, que consiguió la victoria absoluta en Le Mans en 2018.
Así, el TS010 quedó registrado como uno de los prototipos más extremos de Toyota: un auto que demostró que, en las carreras de resistencia, alcanzar el límite de velocidad también podía significar llevar al límite al propio piloto.