Resumen

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

En Cajamarca, uno camina, pero no se cansa. Hay que estar ahí para entenderlo: el tamborilero marca el paso, el cuerpo se entrega al ritmo y el baile se vuelve inevitable. En medio del vaivén del primer día de carnaval, el brazo se alza sin pensarlo, aceptando otra ronda de calientito o cachadita. Y no es solo una, sino muchas las manos que se extienden con capitas o vasos descartables vacíos, pidiendo un poco más, tomando impulso al ritmo de coplas para una caminata de treinta cuadras hasta el epicentro de la fiesta.

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