Granja Azul: la historia de la emblemática pollería que volvió a operar tras ser clausurada injustamente
El cierre temporal del legendario local de Santa Clara de la Granja Azul movió todo tipo de sentimientos y generó una ola de solidaridad en redes sociales nunca antes vista en el rubro gastronómico. Así es como se preparan para recibir nuevamente al público.
Si hay un plato que nos unifica como nación —con el perdón de cebiches, pachamancas y arroces varios—, ese es el pollo a la brasa. Lo que ha ocurrido esta semana con la Granja Azul quizá sirva para confirmarlo. Quien se mete con el pollo se mete con lo más sagrado, con la familia, con el domingo feliz. Puede que no lo recordemos, pero los peruanos no siempre tuvimos la fortuna de saborear su piel crujiente, sus papas humeantes y sus salsas untuosas, todo en el mismo plato.
Cuenta la leyenda que fue un suizo de nombre Roger Schuler quien, al ver que su granja de pollos estaba a punto de quebrar, ideó un plan que terminaría por cambiar el curso de nuestra gastronomía: cocinó las aves en una barra de metal (un pequeño espiedo) que él mismo diseñó, y las empezó a vender en su casa campestre. Era 1950 y bajo el lema “Todo el pollo que puedas comer por cinco soles” el negocio se convirtió pronto en un rotundo éxito. Así, sus pollitos bebe (no pesan más de 850 gramos) aderezados tan solo con sal marcaron el comienzo de una aventura extraordinaria.
Lima, lunes 21 de Agosto del 2023
La Granja Azul denunció que pudo haber cerrado definitivamente tras multa de S/1 millón. Foto: Anthony Niño de Guzmán/ @photo.gec
/ Anthony Niño de Guzmán
Generaciones enteras de peruanos han pasado por esa casona; por sus comedores, jardines, barras y mesas. Ya sea aprovechando el menú ilimitado, disfrutando de los emblemáticos juegos para niños, o atesorando cada detalle de la experiencia, como coleccionar su famosa vajilla, que en un inicio podía llevarse a casa. En el camino —no podía ser de otra manera— se fue creando una magia que perdura.
La Granja Azul opera desde hace 73 años en Santa Clara, Ate.
Hasta hace unos días, solo la pandemia había obligado a frenar dicha operación, en 73 años de trabajo. El pasado 8 de agosto, sin embargo, la Municipalidad de Ate clausuró el local durante una operación de fiscalización, a pesar de que todas las observaciones fueron debidamente subsanadas. Ante el riesgo de cierre y la posible pérdida de unos 200 puestos de trabajo, el restaurante comunicó en sus redes sociales la situación. En total, fueron 13 días sin atención al público. Posiblemente, el único aspecto positivo de este suceso fueron las muestras de solidaridad que surgieron con naturalidad, en especial, del rubro culinario. Chifas, cebicherías, restaurantes premiados y hasta los formatos de la competencia en el codiciado rubro de pollos a la brasa expresaron su apoyo de manera pública.
Roger Schuler, fundador de la Granja Azul.
“No estaban cerrando una pollería. Estaban cerrando una emoción, un recuerdo”, sostiene Liliana Picasso, directora gerente de la Granja Azul. “Cuánta gente que ha ido con sus padres o abuelos, hoy va con sus hijos. Más allá de la comida, también está la nostalgia. Estamos muy agradecidos por ese cariño que la gente le tiene a la marca”, sostiene. Las puertas de la Granja están nuevamente abiertas, y todo apunta a que así será por muchos, muchos años más. //
Además…
El efecto azul: restaurantes unidos
El 17 de agosto las redes sociales de la Granja Azul alertaron sobre su situación en un extenso post. La respuesta fue inmediata, no solo de sus clientes, sino también de una larga lista de restaurantes —incluidos los locales de la competencia— que compartieron artes en azul con sus logos, en solidaridad y de manera totalmente orgánica y espontánea. La iniciativa fue una idea del espacio de postres María Almenara