Encallamiento de ballenas registrado en Australia en el año 2005. (Foto: AFP)
Encallamiento de ballenas registrado en Australia en el año 2005. (Foto: AFP)
Redacción EC

Los expertos habían identificado una relación entre el sonar naval y el varamiento de , pero ahora un nuevo estudio explica que debido a esta exposición sufren de descompresión que les obliga a nadar rápidamente hacia la superficie y terminar en las playas.

De acuerdo al estudio, que se publica en la , el responsable es el sonar activo de frecuencia media (MFAS).

Pero, ¿cómo esta tecnología puede afectar a un animal que ha evolucionado durante millones de años para bucear perfectamente durante horas seguidas? Los investigadores han hallado señales patológicas en las ballenas que muestran cómo reacciona su cuerpo ante estos sonidos.

De acuerdo a la investigación, las ballenas picudas terminan con burbujas de nitrógeno envenenando sus venas, como sucede con buceadores novatos que intentan subir demasiado rápido a a la superficie.

"En presencia de un sonar se estresan ​​y se alejan vigorosamente de la fuente de sonido, cambiando su patrón de buceo", explica la autora principal, Yara Bernaldo de Quirós, investigadora del Instituto de Salud Animal de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, España.

"La respuesta al estrés, en otras palabras, anula la respuesta del buceo, lo que hace que los animales acumulen nitrógeno (en la sangre)", señala. "Es como un disparo de adrenalina".

Ballenas varadas en el año 2001 en EE.UU. (AP)
Ballenas varadas en el año 2001 en EE.UU. (AP)

Varamientos de masa 'atípicos'

Desarrollado en la década de 1950 para detectar submarinos, el sonar activo de frecuencia media (MFAS) se utiliza hoy en patrullas y ejercicios navales, especialmente por los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN.

A partir de 1960, los barcos comenzaron a emitir señales submarinas en un rango de aproximadamente 5 kilohertz (kHz).

Fue entonces cuando comenzaron a aparecer ballenas de picudas en las playas, especialmente en el Mediterráneo.

Entre 1960 y 2004, sucedieron 121 de estos llamados varamientos en masa "atípicos", con al menos 40 de estos estrechamente vinculados en tiempo y lugar con las actividades navales.

Estos no fueron varamientos individuales de animales viejos o enfermos, ni tampoco varamientos en masa como el de noviembre pasado en Nueva Zelanda, cuando más de 200 ballenas piloto se amarraron juntas.

Más bien, un puñado de ballenas de pico aparecían en tierra con un día o dos de diferencia, y no más de unas pocas docenas de kilómetros de distancia.

El episodio más mortal, en 2002, vio 14 ejemplares varados en un período de 36 horas en las Islas Canarias, durante un ejercicio naval de la OTAN.

"A las pocas horas del despliegue del sonar, los animales comenzaron a aparecer en la playa", señala Bernaldo de Quirós.

En el exterior, las ballenas no mostraron signos de enfermedad o daño: tenían un peso corporal normal y no tenían lesiones ni infecciones en la piel.

Internamente, era otra historia: burbujas de gas nitrógeno llenaron las venas y sus cerebros fueron devastados por hemorragia.

Las autopsias también revelaron daños en otros órganos, así como en la médula espinal y el sistema nervioso central.

Moratoria en Las Canarias

Un estudio realizado en Nature en 2003 sobre el posible vínculo entre las muertes de ballenas y el sonar llevó a España a prohibir tales ejercicios navales en las Islas Canarias en 2004.

"Hasta entonces, las Islas Canarias eran un punto de acceso para este tipo de sucesos", afirma Bernaldo de Quirós. "Desde la moratoria, no se han producido".

Los autores pidieron que se extendieran prohibiciones similares a otras regiones donde se sabe que las ballenas en riesgo se congregan.

Las ballenas picudas de Cuvier crecen hasta siete metros y se alimentan principalmente de calamares y peces de aguas profundas. Su boca hacia arriba da la impresión de una sonrisa permanente.

Este cetáceo está clasificado como "vulnerable" en la Lista Roja de la UICN de especies en peligro de extinción, y se cree que tiene una población global de 5.000 a 7.000.

Otras amenazas incluyen huelgas de barcos, contaminación oceánica y hábitats cambiantes causados ​​por el cambio climático.

Con información de AFP

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