Por Archivo El Comercio

Llega la madrugada y el pueblo ayacuchano, demostrando su fe, acompaña regocijado al Cristo Resucitado por el perímetro de la Plaza de Armas. Después vendrían los fuegos artificiales y los bailes. Así culminaban siete días intensos donde la religiosidad se respiraba en cada esquina de Ayacucho. Postal de 1965.

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