Por Carlos Batalla

En tiempos de incertidumbre, rescatar la magia de la Bajada de Reyes es un bálsamo para el espíritu. Aquel lunes 6 de enero de 1969, Lima despertó bajo un aura distinta. Los Reyes Magos, portadores de ilusiones y presentes, emprendieron su camino hacia el majestuoso nacimiento que resplandecía en el Parque de las Leyendas, en San Miguel. Allí, entre el asombro de los adultos y las risas cristalinas de los niños, se selló un instante eterno que hoy sobrevive en la memoria colectiva de quienes fueron testigos de aquella jornada de esperanza.

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