Quién dice que no hay quinto malo. Por segunda vez en la historia, Perú tiene la posibilidad de clasificar a dos Mundiales de manera consecutiva. Lo hizo otra vez Ricardo Gareca, lo hizo otra vez esta base de jugadores indiscutibles (que dentro de 20 años aparecerán en todos los programas deportivos recordando qué tan grandes llegaron a ser).
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Para empatarle a Colombia en el 2017, debimos esperar más de setenta minutos para hacer de una casualidad -la mano de Ospina- uno de los gritos más sísmicos de los últimos tiempos. Anoche, también fue un terremoto de corazones exaltados, pero, la impaciencia solo duró cinco minutos: el tiempo que necesitó Cueva para hacer de su pie derecho un libro de cálculo matemático. Con sobresaliente precisión, Lapadula solo debió calmarse un poco y darle dirección al gol de nuestros sueños.
Paraguay, con un equipo joven, empujó con sus conocidos recursos y, cuando el árbitro Rapallini los dejó, pegaron con impunidad. Parecía que caía neblina en nuestro camino despejado y otra vez Christian Cueva se deslizó con talento cerca al área guaraní e inición una jugada letal con cierre de Yoshi Yotún. Uno de los más criticados en las últimas semanas, se pudo dar un oportuno baño de aprobación ante 45 mil personas.
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Qatar coquetea con lo más íntimo de nuestras almas. Toca cuidar a lo mejor que tenemos y que se planifique la mejor preparación posible. Desde muy temprano volaron aviones alrededor del copado estadio Nacional. Aviones blanquirrojos que elevaron al cielo cada ilusión. Cada latido. Tenía que ser hoy.
Explotamos de emoción, volveremos a amanecer sin voz, qué hermoso repetir este cuento con final (ojalá) feliz. Lo avisó cada banderazo, lo confirmó el aliento interminable durante los 90 minutos, este romance no se acaba, sigue su apasionado recorrido. “Cómo no te voy a querer”seguirá siendo nuestro “buenos días” por mucho tiempo. El cálido saludo a nuestra bandera desfilando por un campo de juego.
Esta segunda parte de la era Gareca empieza a renovar la gloria vivida. Nos asombramos hace cuatro años y lo agradecemos hoy. Hermoso dejavú. Como esos aviones de colores patrios, el sueño mundialista regresa para elevarnos hasta donde nunca pensamos llegar. Hay que volar, Perú. Volar a Qatar sin miedo. Y revivir lo nuestro.