“Nunca hubo una voluntad de dejar de hacer música, de tocar o dejar los escenarios”, nos dice Julio Pérez, el hombre que por casi 25 años les puso voz a sus temas, mientras se convertía en uno de los más destacados performers de la escena rockera nacional. Entiéndase performer cuando hablamos no solo de un cantante, sino de alguien que convertía sus conciertos en histriónicas y potentes ceremonias teatrales en las que aparecía enmascarado, encadenado, poseído o con la banda presidencial. Un poco de Jim Morrison, un poco del Peter Gabriel de Genesis, un poco de Yuyachkani. Tras su sorprendente presentación en el recordado Festival Niño Malo (1998), despegó una carrera que los convirtió en una banda crítica, combativa y contestataria. Hoy, tras un cambio radical de integrantes, la pausa por la pandemia y ciertos problemas legales, la banda resurge con Julio Pérez y el regreso del bajista Frank Edgar, quien se había apartado del grupo el 2004.

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