El Perú tiene muchos problemas que enfrentar. Pero uno en el que debemos enfocarnos con urgencia es la educación porque, si no mejoramos los aprendizajes, no lograremos aumentar la productividad de los peruanos y así será muy difícil salir de la trampa de ingreso medio en la que nos encontramos desde hace casi dos décadas.
En nuestro país, tres de cada cuatro niños van a un colegio público. Entre el 2019 y el 2025, el gasto del sector educación aumento en 66%, pero este aumento no se ha reflejado en mejores aprendizajes ni se han reducido las brechas de infraestructura. Hoy, cinco de cada diez colegios públicos carecen de acceso a agua potable, saneamiento adecuado y servicios de higiene. Esta precariedad golpea especialmente a niñas y adolescentes, que faltan entre cuatro y cinco días al mes cuando están menstruando por la falta de agua en sus escuelas y la imposibilidad de adquirir productos higiénicos.
Los resultados PISA que acaban de ser publicados nos han mostrado, como un baldazo de agua fría, la realidad del sector educación. Los dos años de aprendizaje a distancia han generado pérdidas de aprendizaje importantes. Y es que pese al crecimiento económico del país y al aumento de presupuesto del sector, el Perú ha retrocedido diez años en resultados de aprendizaje. Hoy, siete de cada diez estudiantes de 15 años no alcanzan las competencias matemáticas mínimas. Mientras que las remuneraciones del sector educación entre el 2019 y el 2025 aumentaron 70%.
Cuando un niño tiene dificultades para entender un texto sencillo o resolver un problema matemático simple, le será muy difícil aprender cualquier otra materia en la escuela. Sus probabilidades de repetir curso y de abandonar los estudios serán mayores. Además, tendrá menos posibilidades de beneficiarse de otros programas de formación y adquisición de competencias. En el ámbito nacional, esta situación provocará peores resultados en materia de salud, un mayor desempleo juvenil y niveles más elevados de pobreza.
Aunque los resultados PISA 2025 son a escala nacional, otras evaluaciones del Ministerio de Educación muestran que las diferencias en el ámbito regional y en el ámbito urbano/rural son bastante marcadas. La ENLA 2024 muestra que el 32% de los estudiantes de cuarto grado de primaria en el ámbito nacional entiende lo que lee. En Moquegua y Tacna esta cifra llega al 50%, pero en Loreto son solo el 12% de los estudiantes. Esto nos muestra que el lugar de nacimiento de un niño tiene un impacto en la calidad de educación a la que accede y con ello a sus aprendizajes y oportunidades futuras.
Necesitamos que los logros de aprendizaje sean una política pública y que el sector responda por ella. Es urgente retomar la carrera magisterial, porque maestros sin conocimiento ni habilidades blandas para la enseñanza no podrán trasladar conocimiento. Es urgente también enfocarnos en la mejora y disponibilidad de material educativo, equipamiento y la infraestructura escolar porque la desigualdad en la infraestructura educativa ha sido identificada como un factor que promueve la desigualdad socioeconómica.
La pobreza de educación no es solo un problema de los niños y sus familias. Es un problema para el país. Porque, como bien señala el FMI, uno de los problemas que frenan el desarrollo de América Latina es la falta de capital humano. Una encuesta realizada por SAE de Apoyo Consultoría en el 2023 encontró que más del 80% de empresas grandes enfrenta dificultades para encontrar talento calificado. Sin capital humano, nuestras empresas y país tendrán un límite de crecimiento y desarrollo.
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