La violencia verbal como preludio

“Solo queda volver a la palabra sanadora y a la razón. Negarse a entrar al juego de los violentistas y encontrar caminos para un diálogo constructivo es lo que queda para los que aún tenemos esperanza en una república justa”.

    Carmen McEvoy
    Por

    Historiadora

    (Ilustración: Víctor Aguilar).
    (Ilustración: Víctor Aguilar).

    En su más reciente columna, “Ucrania y las palabras que llevaron al asesinato masivo”, Anne Applebaum nos recuerda la propaganda soviética que precedió al brutal exterminio de los kulak, campesinos poseedores de más de 8 hectáreas de tierra en las postrimerías del Imperio ruso. Descritos como simples “saboteadores”, fue su laboriosidad además de individualismo y “extrema riqueza” lo que, según los áulicos del totalitarismo, impedía la utopía del proletariado soviético. Los kulak debían desaparecer del mapa, aplastados como moscas y su comida dada a los trabajadores de las ciudades. En ese sentido, el proceso de deshumanización de “los enemigos de clase” (aquellos robados primero del fruto de su esfuerzo y después de sus vidas) fue el preludio de un genocidio, puesto en marcha con precisión.

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