Se acerca el proceso electoral y, con él, la necesidad de revisar con atención qué proponen los partidos en sus planes de gobierno. Uno de los temas más sensibles es el de los derechos de las mujeres. Para analizar los 36 planes, Notebook LM permitió identificar patrones y clasificar las propuestas en cuatro grandes bloques: pro derechos, favorables, conservadores y restrictivos.
El resultado muestra que no estamos ante simples matices, sino ante visiones muy distintas sobre el lugar de las mujeres en la sociedad y sobre el papel del Estado en la garantía de sus derechos. Las propuestas van desde la transversalización del enfoque de género en todas las políticas públicas, como plantea Ahora Nación, hasta el reemplazo de la Educación Sexual Integral por una “educación sexual en valores”, con la exclusión explícita de la llamada “ideología de género” del currículo escolar, como propone Unidad Nacional.
Tampoco faltan iniciativas que, bajo la promesa de endurecer sanciones contra los agresores sexuales, plantean retirar al Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Una decisión de esa naturaleza no fortalecería la protección de las mujeres, sino que debilitaría una instancia supranacional clave para quienes no encuentran justicia en el ámbito interno.
Los partidos clasificados como pro derechos apuestan por cambios estructurales. Sus propuestas apuntan a fortalecer la autonomía económica, redistribuir las labores de cuidado y reformar la respuesta estatal frente a la violencia. Fuerza y Libertad, por ejemplo, plantea un “Salario Equitativo Automático” para corregir brechas salariales de género en tiempo real, mientras que Primero la Gente propone reducir el tiempo diario de trabajo no remunerado de las mujeres de 4,5 horas a 2 horas.
En el grupo de partidos favorables a los derechos de las mujeres, Salvemos al Perú establece una meta concreta: que el 90% de los casos atendidos por los Centros de Emergencia Mujer cuenten con medidas de protección en un plazo máximo de 72 horas. En el bloque conservador figuran Fuerza Popular y Renovación Popular. Este último propone capacitación técnica para mujeres en zonas de extrema pobreza a fin de que contribuyan a la economía del hogar. Sin embargo, no todo se reduce a diferencias tajantes: propuestas similares también aparecen en partidos como PRIN y Perú Primero, del bloque pro derechos.
Existe también una coincidencia entre el Partido Morado y Renovación Popular en torno a la necesidad de que la lucha contra la anemia sea una política de Estado desde el vientre materno y durante los primeros años de vida. Esa similitud revela que, incluso entre partidos con ideologías distantes, existen puntos de encuentro.
No obstante, el contraste es evidente. En los grupos restrictivos, la defensa de la familia resalta como argumento central. En esa línea, es preocupante que Unido Perú proponga orientación prematrimonial desde el Ministerio de Salud para buscar un perfil de “parejas felices” como mecanismo de prevención frente al feminicidio y la violencia familiar.
En los 36 planes de gobierno, los derechos de las mujeres siguen siendo un terreno de disputa política, en el que algunos partidos endurecen su discurso para acercarse al electorado conservador. Esa estrategia no necesariamente refleja el sentir mayoritario del país. Una encuesta de Ipsos para El Comercio, realizada en 2019, reveló que el 82% de peruanos y peruanas estaba a favor de incluir el enfoque de género en el Currículo Nacional.
El problema más profundo es que, en el Perú, los documentos programáticos casi no pesan en la decisión electoral. Para la mayoría, se trata de textos sin fuerza real, útiles apenas para intuir cierta orientación política, pero incapaces de garantizar el rumbo de un eventual gobierno. Así, la elección deja de girar en torno a propuestas y se resuelve en función de perfiles, estilos y personalidades.
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