¿Cuál es el rol que debe tener la empresa privada en el país? Esta es una pregunta que constantemente se hace y debate.
Un primer nivel de involucramiento, sustentado además en la teoría económica ortodoxa, señala que el rol de toda empresa debe ser el de cumplir las leyes y regulaciones, y pagar todos los impuestos aplicables. Es decir, lo que les corresponde es ser formales, ni más ni menos que eso. En un país donde aproximadamente el 70% de los empleos son informales y el 98% de las empresas tiene algún grado de informalidad, esta exigencia cobra mayor relevancia.
Un segundo nivel señala más bien que cumplir con lo que la ley exige no es suficiente. Que, además, es su obligación el preocuparse y ayudar a todos sus grupos de interés e influencia: realizar inversiones a favor de las comunidades y zonas en las que efectúan sus actividades, apoyar con acciones concretas a sus colaboradores, proveedores y distribuidores para que crezcan y prosperen, etc.
Finalmente, un tercer nivel de involucramiento con el país considera que las empresas tienen que ayudar e incluso reemplazar al Estado en funciones básicas que, por falta de recursos, incapacidad o desidia, este no llega a cumplir, como combatir la anemia infantil y la inseguridad, construir infraestructura básica, brindar educación y salud a sus colaboradores, etc.
Quizás el rol de la empresa en los países desarrollados en los que el Estado funciona proveyendo servicios públicos de calidad sea, efectivamente, el que señala la teoría económica. Pero en nuestro país, donde el 40% de los niños padece anemia y el Estado no llega o lo hace con servicios básicos de muy mala calidad en agua y desagüe, infraestructura, seguridad, salud y educación, las empresas deben involucrarse mucho más. Esto es, en realidad, indispensable para el éxito y continuidad de toda empresa, pues, como dijo el empresario suizo Stephan Schmidheiny, “no puede haber empresas exitosas en sociedades o países fracasados”.
Gracias a mi rol en el BCP, tengo la oportunidad de visitar constantemente a las empresas privadas pequeñas, medianas y grandes del Perú. Y, contrariamente a las narrativas que generalizan errores aislados o que señalan que estas son malas o que actúan solo en beneficio de sus dueños, he comprobado cómo la mayoría genuinamente se involucra y realiza acciones para apoyar a sus colaboradores y grupos de interés. Muchas empresas han llevado conectividad a escuelas, han lanzado programas para capacitar financieramente a los bodegueros que distribuyen sus productos, han equipado hospitales, han pavimentado kilómetros de vías y han realizado importantes donaciones para sus comunidades (no olvidemos las plantas de oxígeno durante la pandemia).
Nuestro país necesita que todas las empresas den ese paso adicional y se acerquen al Estado para apoyarlo. Muchas tienen redes logísticas, conocimiento especializado y equipos de profesionales capaces de llegar a donde el Estado muchas veces no llega y de levantar en poco tiempo obras que a este último suelen tomarle años. Las formas de ayuda pueden discutirse, pero el compromiso no.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.