Pekín bien vale una pifia

El congresista Diego Bazán no tendrá contentos a sus electores, pero va a conocer China.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

    “Sabe que seguramente enojará a sus votantes con esa decisión, pero, como no hay reelección, parece dispuesto a pagar el precio de un abucheo sin consecuencias inmediatas”. (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa).
    “Sabe que seguramente enojará a sus votantes con esa decisión, pero, como no hay reelección, parece dispuesto a pagar el precio de un abucheo sin consecuencias inmediatas”. (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa).

    Tres son las funciones básicas de los congresistas: legislar, fiscalizar y representar. Viajar, no tanto. Y, sin embargo, cómo les gusta. Es comprensible, claro; a quién no. Pero cuando la partida hacia tierras lejanas se cruza con las tareas para las cuales el trotamundos en potencia fue elegido, surge un dilema. ¿Qué debe hacer el parlamentario? ¿Aferrarse a su curul y honrar el compromiso con sus votantes o ceder a su vocación de turista? Tal es el trance por el que ha atravesado en estos días el legislador de Avanza País Diego Bazán y, después de mucho o poco cavilar, ha resuelto hacer maletas.

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