Por Nora Sugobono

Esto es algo que —podría jurar— no ha pasado nunca; al menos no en la última década. Un restaurante que abre sus puertas con un nombre inicial (Statera) y un concepto sostenido en las experiencias de alta cocina, que luego pasa a ser un espacio vegano (Plant Food + Wine) por un tiempo, para finalmente regresar a su nombre original, con un menú que no se parece ni a lo primero ni a lo segundo. Todo en el mismo local, sin alterar el diseño ni el ambiente. En realidad, no es tan difícil de entenderlo, pero conviene hacer la explicación antes de empezar.

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