El estafador se hace pasar por una persona o empresa de confianza en una aparente comunicación oficial electrónica para sustraer datos privados de la víctima. (Foto: EFE)
El estafador se hace pasar por una persona o empresa de confianza en una aparente comunicación oficial electrónica para sustraer datos privados de la víctima. (Foto: EFE)
Redacción EC

El o la suplantación de la identidad digital es uno de los delitos online que más ha crecido en los últimos años y que mayor sofisticación ha ganado, convirtiéndolo con diferencia en uno de los ataques cibernéticos más comunes en todo el mundo.

Este tipo de crimen consiste en ganarse la confianza de la potencial víctima mediante una identidad falsa y obtener así información secreta como contraseñas, acceso a datos privados o control total sobre tarjetas y cuentas bancarias.

La práctica más común de este delito es enviar señuelos digitales, generalmente un correo electrónico o un mensaje de texto (SMS) que indica al destinatario que haga clic en un enlace, permitiendo a los piratas informáticos acceder a los datos de la víctima o introducir algún tipo de virus a sus aparatos electrónicos.

“Estamos viendo muchos casos de ‘phishing’ en los que los atacantes son cada vez más sofisticados. Usan información de la víctima obtenida en las redes sociales para personalizar los correos electrónicos que envían” y aumentar así la probabilidad de éxito de la estafa, explicó la jefa de ciberseguridad de Microsoft, Diana Kelley.

En su último Informe de Inteligencia en Seguridad, Microsoft halló que, de una muestra aleatoria de correos electrónicos analizados, un 0,7% contenían "phishing".

Aunque a primera vista esta cifra pueda parecer menor, esto significa que aproximadamente 1 de cada 150 correos analizados fue un intento de conseguir acceso ilegal a datos mediante la suplantación de identidad.

El 0,7% es, además, significativamente superior al 0,49% detectado el año pasado, en abril de 2018, y cinco veces más que el 0,14% de enero de 2018.

“Aquí ya no se trata del ejemplo clásico de correo fraudulento en el que un príncipe de un país lejano solicita ayuda económica para recuperar su trono y promete una compensación. Lo que vemos ahora son mensajes que realmente parece que provengan de una fuente conocida por el receptor, muy detallados”, agregó la jefa de ciberseguridad de Microsoft.

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