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![Elisa Tokeshi, escritora: "Si hay algo que he hecho en esta novela es graficar realmente lo horrible que es tener todos estos problemas, [como el TLP]".](https://elcomercio.pe/resizer/v2/5ECLLYZHG5D27MZI23AC66QSY4.jpg?auth=5eb56a350b660a34c5b57c2fcb52672e0f72a717077b47d589adb604d0a6fe1c&width=980&height=653&quality=75&smart=true)
“Empecé a escribir esta novela el fin de semana que dejé el alcohol y las drogas”. Elisa Tokeshi (Lima, 1998) habla por Zoom. De fondo está la habitación que sus seguidores en redes conocen como propia. Está el armario de madera, la pared con docenas de fotos, testigos de los videos donde canta y habla de su vida. Su primer libro tiene esta naturaleza confesional sin ser autobiográfico.
“Empecé a escribir esta novela el fin de semana que dejé el alcohol y las drogas”. Elisa Tokeshi (Lima, 1998) habla por Zoom. De fondo está la habitación que sus seguidores en redes conocen como propia. Está el armario de madera, la pared con docenas de fotos, testigos de los videos donde canta y habla de su vida. Su primer libro tiene esta naturaleza confesional sin ser autobiográfico.
“Borderline sagrada” (Planeta, 2026) sigue a Julieta, adolescente con problemas de adicción, que se autolesiona y en consecuencia tiene dificultades para relacionarse con otras personas. Vive con trastorno límite de la personalidad (TLP), diagnóstico que comparte con la autora. En años pasados Tokeshi incluso se hizo llamar como la protagonista, Julieta Azul, alias que ya no la representa, pero que revive para el texto. “Siento que sería como cerrar el círculo”, dice.
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“Si bien la novela es ficción, hay muchos aspectos en los que me inspiré en mi propia vida. Me inspiré en varias cosas para crear los personajes y luego hice lo que quería con todo”, explica la artista, quien además de cantar y escribir, también pinta. Una rama de púas que acaba en flor sale en la primera ilustración del libro; una mujer expulsa el apéndice por la boca, entre lágrimas. La misma rama la asfixiará en el siguiente dibujo.
“Primero empecé a escribir mi vida, un bloque de 350 páginas. Era como mi mármol. Luego fui sacando, eliminando, distorsionando y se convirtió en una cosa completamente distinta. Fui cambiando la naturaleza de todo lo que pasó y también inventándome un montón de cosas. Eso fue lo más divertido”. En un principio, para esta novela debut consideró contar todo lo que pasó, pero solo hasta darse cuenta que podía intervenir el material. “Ahí siento que realmente empezó la creatividad. No al escribirla, sino al momento de editarla”.
“De repente me puede por momentos causar un poco de ansiedad, pensar que la gente va a creer que Julieta literalmente es Elisa, porque Julieta es un personaje muy complicado, pero yo también soy una persona muy complicada [risas]”.
Elisa Tokeshi, artista.
Reflexión
En entrevista con el diario El País, la novelista Fernanda Trías dijo que casi no se habla del alcoholismo femenino. Tokeshi concuerda. “Está tan romantizado en sus vidas [de los autores] que hayan sido drogadictos o alcohólicos, y creo que es más complicado cuando se trata de una mujer. No es tan común, sí es medio tabú”, explica. “Algunas personas que han leído la novela me han dicho, ‘es como un Bukowski femenino’ [risas]. No lo he leído, así que lo tomo como una observación, no como un halago. Pero sí entiendo que hay cierta oscuridad que lo caracteriza, que también es una oscuridad que tengo a mi manera”.
“Si hay algo que la novela no hace es romantizar el TLP, sino mostrarlo muy crudamente. Me quedo con la tranquilidad de que si alguien lee esta novela no va a decir, ‘qué chévere es tener TLP”. Entiendo que puedan decir, ‘qué valiente’ o chicas o chicos con TLP que dicen ‘me identifico’, pero no creo que ninguno diga “qué bacán, chic o aesthetic’ [risas], como dicen ahora. No es así”.

Mirada masculina
El libro también se enfoca en los vínculos que Julieta establece con los hombres. Relaciones marcadas por el cómo ella imagina que el género opuesto la ve a ella. “De hecho tengo una canción sobre eso que se llama ‘Hay un hombre en mi cabeza’, que trata un poco de ese tema. Algo que me he dado cuenta a lo largo de mi vida y de crecer siendo mujer en una sociedad que sigue siendo machista, es que a las mujeres se nos educa con un hombre en la cabeza. Quieras o no, no importa lo deconstruida que estés, siempre hay un bichito, esa consideración a la visión masculina”.
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El tema ha sido tratado por autoras a lo largo de la historia. Una de ellas es la marroquí Salma El Moumni, en cuya novela “Adiós, Tánger” tiene que pensar como un hombre antes de salir a las calles. Considerar cómo la juzgarán por su sola existencia sea en su ciudad natal o en Lyon, a donde se muda. Sucede en personas precarizadas como el personaje de Mounmi, pero también entre los privilegiados, como se describe a sí misma la Julieta de Tokeshi.
“Creo que todas las mujeres sin excepción, de todas las clases sociales, en diferentes magnitudes, pueden llegar a identificarse con eso porque la sociedad está compuesta para que constantemente las mujeres piensen, ‘ya, pero ¿qué pensarían los hombres?’. Y los hombres, no sé, por lo menos yo creo que no están pensando ‘uy, si hago esto, ¿le gustaré a una mujer?’ O ‘¿qué pensará una mujer?’ Como que la consideración del hombre hacia la mujer es algo aprendido y en el caso de las mujeres, la desconsideración al hombre es algo aprendido [risas]. Es una deconstrucción”.
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