Por Ángel Navarro Quevedo

Se dice: “El oscuro concierto de My Chemical Romance. Y se dice la verdad. Ha sido, tal vez, una de las interpretaciones musicales con un mensaje que bordea lo sombrío, lo impopular, porque hablar de dictaduras es siempre un tema complicado. El relato nos lleva a Draag, una autocracia distópica inspirada en regímenes fascistas del siglo XX. En esa realidad, la banda está obligada a tocar su disco “The Black Parade” como forma de propaganda para el público, que, complaciente, acompaña una de las puestas en escena más memorables vistas en el Estadio Nacional.