CuándoEl papa Francisco cumplió hasta el último día de su vida su misión de buscar acercar la Iglesia a las personas. El domingo 20, un día antes de que falleciera a los 88 años de edad, bendijo a miles de personas en la plaza de San Pedro y luego las sorprendió con un recorrido en el papamóvil. Lo hizo aún estando en silla de ruedas y teniendo la voz débil, menos de un mes después de haber salido de una larga hospitalización por un severo episodio de neumonía bilateral.
El papa Francisco cumplió hasta el último día de su vida su misión de buscar acercar la Iglesia a las personas. El domingo 20, un día antes de que falleciera a los 88 años de edad, bendijo a miles de personas en la plaza de San Pedro y luego las sorprendió con un recorrido en el papamóvil. Lo hizo aún estando en silla de ruedas y teniendo la voz débil, menos de un mes después de haber salido de una larga hospitalización por un severo episodio de neumonía bilateral.
El estado de salud de Francisco tuvo al mundo en vilo durante los 38 días que pasó internado en el hospital Gemelli, donde tuvo al menos dos crisis que pusieron en riesgo su vida. El Papa recibió el alta el 23 de marzo y, aunque ya no llevaba una cánula con oxígeno, su agenda oficial había sido cancelada. Su convalecencia hizo que no participara en ninguno de los ritos de la Semana Santa. Sin embargo, en los últimos días había visitado santuarios y realizado pequeñas actividades con permiso de sus médicos.
Su mayor aparición ante los fieles llegó el domingo 20, cuando poco después del mediodía salió desde el balcón de la basílica de San Pedro para impartir la bendición urbi et orbi, a la ciudad y al mundo, al concluir la Misa de Pascua por el Domingo de Resurrección. “Queridos hermanos y hermanas, ¡Felices Pascuas!”, dijo el pontífice antes de dejar que el cardenal Diego Ravelli leyera su discurso, en el que repasó los conflictos del mundo e hizo un llamado global por la paz.

El pontífice argentino realizó un recorrido en papamóvil entre los fieles presentes en la Plaza de San Pedro por primera vez desde su larga hospitalización. Como ocurrió en otras ocasiones, el Papa bendijo a varios niños y repartió dulces a los más grandes mientras los fieles coreaban su nombre. Fue una sorpresa pues la presencia de Francisco no había sido confirmada por el Vaticano.
Según la agencia AFP, unas 35.000 personas se congregaron el domingo en el Vaticano, con la expectativa de poder ver al Papa.
El mensaje de Francisco
Francisco ya estaba debilitado por problemas de salud y varias intervenciones quirúrgicas antes de su última hospitalización, por lo que sus últimas apariciones públicas solo permitían tener un optimismo moderado de su recuperación.
Juan Fonseca, profesor de Teología de las Religiones en la Universidad del Pacífico, destaca que, en realidad, el Papa no había lucido completamente recuperado en las últimas semanas y era evidente que su salud ya estaba bastante deteriorada, “lo cual evidentemente iba a afectar de alguna u otra manera su gestión como líder de la iglesia católica”.
Sin embargo, el experto considera que el pontífice tenía un interés de transmitir optimismo a los fieles, teniendo en cuenta que el Papa se había caracterizado por dar mensajes a través de gestos y actos simbólicos. “Me parece que Francisco trató de dar un mensaje de cierta tranquilidad y optimismo a los fieles de la Iglesia. También fue una forma de consolidar el mensaje teológico que él siempre intentó dar, que es el de una Iglesia que está al servicio de los demás, aún a pesar de sus propias debilidades, de su propia vulnerabilidad”, apunta.
Por eso, añade, para la Iglesia es muy importante que el Papa haya intentado estar activo en las últimas semanas.
Por ejemplo, el fin de semana pasado hizo una aparición sorpresa al final de la misa del Domingo de Ramos y efectuó algunas visitas no anunciadas, entre ellas una a la Basílica de Santa María la Mayor, al otro lado de Roma.




El miércoles 16, Francisco tuvo una reunión con el personal médico del hospital Gemelli que lo atendió durante su estancia de 38 días. En un salón de audiencias del Vaticano, Francisco agradeció a los más de 70 médicos, enfermeras y administradores y les pidió que siguieran rezando por él. “Gracias por todo lo que hicieron”, dijo el líder de la Iglesia Católica con la voz aún entrecortada.

Esfuerzo durante la Pascua
Las semanas recientes dejaron en claro un mayor cuidado con respecto a las actividades del pontífice, a quien no se quería sobrecargar. Esta semana el Papa faltó por primera vez a la mayoría de las celebraciones de la Semana Santa, como el Vía Crucis cerca del Coliseo el viernes y la vigilia pascual del sábado por la noche.
Sin embargo, acudió en la tarde del Jueves Santo a la cárcel romana de Regina Coeli, cerca del Vaticano, para un saludo a los reclusos cómo había hecho desde el inicio del pontificado. Al ser preguntado por la prensa a la salida de la prisión cómo vivía esta Semana Santa, Francisco respondió con un hilo de voz: “La vivo como puedo”.

El sábado, poco antes de la vigilia, hizo una breve aparición pública en la basílica de San Pedro para rezar frente a la imagen de la Virgen y luego saludó a varios fieles y repartió golosinas entre los niños.
Y el domingo, además del saludo a los fieles y su recorrido en el papamóvil, el pontífice se reunió brevemente en su hotel con el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, quien estaba pasando la Pascua en Roma con su familia.

Aunque había optimismo en que el Papa pudiese mejorar, Fonseca apunta que la debilidad física del pontífice era evidente y que la Iglesia ya estaba preparándose para un posible final. “Y él mismo también siempre trataba de dar un mensaje de mucha esperanza y fortaleza, pero él era una persona muy inteligente y muy previsora, así que no tengo la menor duda de que él asumía que tenía que dejar todo preparado para una eventual sucesión, que podía llegar pronto”, dice el experto.
Lo positivo, agrega, era que Francisco mostraba que sus facultades mentales estaban aparentemente en orden y eso era fundamental para la Iglesia. “Eso le permitía encontrar y desarrollar los pasos necesarios para que su legado de alguna manera continúe, teniendo en cuenta los cambios enormes que él ha desarrollado, al menos en su actitud pastoral, en comparación con lo que pasó con los Papas anteriores”, concluye Fonseca.


















