Por Milenka Duarte

A lo largo de la historia, la apariencia física ha sido un eje central e indiscutible en la sociedad. Los cánones de belleza, siempre cambiantes, pero igualmente exigentes, han marcado la forma en que muchas personas se conciben y se valoran a sí mismas. Y, aunque parezca un fenómeno moderno, lo cierto es que la relación con el cuerpo empieza mucho antes de lo que imaginamos. De hecho, desde los 3 años los niños ya desarrollan una conciencia de la imagen corporal, mirada que nace, sobre todo, de lo que observan y escuchan de su entorno. Comentarios —conscientes o involuntarios —por parte de sus padres sobre “cómo verse bien”, las advertencias sobre el peso o la comida y otros mensajes que, sin intención, van moldeando su percepción del cuerpo.

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