(Foto: IG @laalyoga)
(Foto: IG @laalyoga)
Por Luciana Villegas

La primera vez que Karla Luna (34) entró a una clase de Yoga salió llorando. No sabe si fue la adrenalina, el esfuerzo físico o la paz interior que sintió lo que hizo que derramara una que otra lágrima, lo cierto es que no pudo evitarlo. Ese fue el inicio de su travesía junto al yoga, la displicina milenaria que le ha cambiado la vida en todos los sentidos. “Se me cayeron las lágrimas de la emoción. No sé qué fue. Tal vez, todo lo que tenía acumulado en ese momento. Esa sensación de libertad, ligereza...de encontrarme conmigo misma fue todo. Desde ahí no paré”, comenta Karla.