Por Juan Carlos Fangacio Arakaki

En su departamento del décimo piso de un edificio en Jesús María, Alberto Quintanilla (Cusco, 1932) vive entre decenas, cientos de personajes de su propia creación: diablos y dragones, gentes de dos caras, animales que se trepan unos encima de los otros como “Los músicos de Bremen”. Pero pese a esa multitud, Quintanilla es hoy un hombre que está más solo que ayer.

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