Por Leonardo Ledesma Watson

Hay conciertos que son eventos. Otros, despedidas. Y algunos —muy pocos— son una forma de archivo emocional: una manera de guardar lo vivido antes de que desaparezca. Lo de Megadeth en Costa 21 fue precisamente eso último. Incluso el nombre de la gira lo decía todo: This Was Our Life. Una declaración que no pide permiso, que no suena a marketing, sino a rendición. Dave Mustaine ya lo había insinuado: el cuerpo se cansa, la mano falla, pero la música insiste en quedarse.

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