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Con dos frentes de guerra abiertos en la escena internacional, parece el peor momento para que la cúpula militar de Estados Unidos enfrente discrepancias internas, pero una serie de despidos y disputas recientes muestran que en el Departamento de Defensa las fricciones no son un problema menor. El lunes, el secretario del Ejército, Dan Driscoll, presentó su dimisión al presidente Donald Trump tras varios meses de choques con el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
Con dos frentes de guerra abiertos en la escena internacional, parece el peor momento para que la cúpula militar de Estados Unidos enfrente discrepancias internas, pero una serie de despidos y disputas recientes muestran que en el Departamento de Defensa las fricciones no son un problema menor. El lunes, el secretario del Ejército, Dan Driscoll, presentó su dimisión al presidente Donald Trump tras varios meses de choques con el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
Si bien las tensiones entre ambos habían escalado luego de que Hegseth despidiera a altos mandos militares, la renuncia de Driscoll, el principal líder civil de dicha fuerza, ocurre en un momento crítico para las fuerzas estadounidenses, que enfrentan drones y misiles en Medio Oriente. La guerra en Irán acaba de cumplir seis meses y no hay indicios de que esté cerca de terminar.
Driscoll, de 40 años, es un veterano de la guerra en Irak y amigo cercano del vicepresidente JD Vance, con quien estudió en la Facultad de Derecho de Yale y han mantenido una estrecha amistad. El secretario del Ejército también ha mostrado afinidad con Trump. El mandatario republicano llegó a referirse a Driscoll como el “experto en drones” debido a su trayectoria trabajando con esta tecnología.
Durante su tiempo en el cargo, destacó por su rol en las negociaciones vinculadas a la guerra en Ucrania.
“El secretario Driscoll ha sido sumamente eficaz para impulsar la agenda del presidente Trump de Hacer a Estados Unidos Fuerte de Nuevo en el Departamento del Ejército, al brindar un liderazgo sobresaliente durante operaciones militares históricas, restablecer el énfasis en la preparación y la letalidad, colaborar en las negociaciones entre Rusia y Ucrania, y más”, manifestó en un comunicado Anna Kelly, portavoz de la Casa Blanca.
Su salida del cargo fue reportada inicialmente por el diario “The Wall Street Journal”, que destacó que con su salida, el Ejército se quedará sin líderes civiles o militares confirmados por el Senado.

Choques y cambios en la cúpula militar
Driscoll se enfrentó en repetidas ocasiones a Hegseth por los cambios que el secretario de Guerra realizó en la cúpula militar, específicamente por la destitución de líderes clave del Ejército, el departamento que tuvo mayor reestructuración.
Fuentes cercanas a la situación citadas por la cadena CNN afirman que, en su renuncia, Driscoll planteó al presidente “sus preocupaciones con la administración en torno a la transformación y la preparación del Ejército, y el bloqueo de esos esfuerzos por parte de Hegseth, específicamente al despedir a los generales responsables”.
Una de las mayores discrepancias ocurrió en abril, cuando Hegseth destituyó sin dar explicaciones al jefe del Estado Mayor, el general Randy George, un aliado de Driscoll que era admirado por republicanos y demócratas.
El secretario de Guerra también apartó de sus cargos al general Christopher Donahue, quien era comandante del Ejército en Europa y África, y al antiguo vicedirector del Ejército, James Mingus.
Hegseth designó al general Christopher LaNeve para cubrir los puestos de George y Donahue. La agencia AP destaca que bajo el mando de LaNeve, el Ejército ha puesto fin a un programa de modernización de drones con base en Europa que Driscoll había promovido.
El secretario de Defensa también ha despedido o forzado la salida del jefe del Comando de Transformación y Entrenamiento del Ejército, el general David Hodne; el jefe de capellanes, el mayor general William Green Jr.; y el director del Estado Mayor Conjunto, el teniente general Douglas Sims.
Según fuentes del diario “The New York Times”, Driscoll le dijo a Trump que estaba frustrado por la decisión de Hegseth de destituir a tantos líderes conocidos del Ejército y por su bloqueo a los ascensos de varios coroneles que habían trabajado para personas que a él no le agradaban.
Desconfianza
Los medios estadounidenses señalan que Hegseth ha desconfiado prácticamente desde el inicio de su mandato de la lealtad de los funcionarios que lo rodean, tanto civiles como militares.

“Uno de los ejemplos más destacados de luchas internas durante el mandato de Hegseth ha sido con Driscoll, a menudo debido a la estrecha relación entre Driscoll y Vance. Hegseth ha interpretado la relación de Driscoll con la Casa Blanca como un intento de eludirlo”, explica CNN.
“The New York Times” señala que Driscoll hasta hace poco era visto como un posible candidato para remplazar a Hegseth si este renunciaba o era separado del cargo. Un punto clave a su favor era que tiene una mejor relación con los demócratas e incluso algunos republicanos que el actual secretario de Guerra.
“Driscoll, por el contrario, era visto por muchos en el Congreso como uno de los pocos funcionarios del Pentágono del gobierno de Trump capaces de trabajar con legisladores de ambos partidos, afirmaron dos asesores del Congreso. Mientras que Hegseth ha intentado limitar las comunicaciones directas entre los oficiales militares y los legisladores, Driscoll ha respondido a las peticiones tanto de republicanos como de demócratas en los Comités de Servicios Armados, aseguraron los asesores”, apunta el medio.
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