Por Sandra Chikhani

Comenzar un plan de alimentación puede sentirse como abrir una nueva etapa de la vida. Todo huele a posibilidad. Tu refrigerador está impecable, la lista de compras llena de colores, los horarios marcados con precisión. El primer día, te levantas motivada, respiras profundo y piensas: “Ahora sí.” Y lo haces bien. Te sientes liviana, disciplinada, enfocada. Comes lo que te toca, entrenas, duermes temprano. Hasta el espejo está de tu lado... dándote ánimos para continuar. Pero a medida que pasan los días, algo cambia. El entusiasmo empieza a disminuir entre tus pendientes, el cansancio y el sinfín de distracciones. Ese plan, tan exacto, comienza a sentirse como un polo apretado. Te preguntas qué estará pasando... ¿soy yo, es algo más? No entiendes muy bien; solo te sientes menos entusiasmada.