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Durante años, su nombre estuvo inevitablemente ligado a una barra que redefinió la manera de beber en Lima: Carnaval. Una propuesta que cruza técnica, producto y relato, y que posicionó a la coctelería peruana en la conversación global. Hoy, Aaron Díaz cambia el ritmo. No se trata de un quiebre abrupto, sino de un giro construido con el tiempo: una transición hacia una etapa más amplia, más colaborativa y, sobre todo, más personal.
Durante años, su nombre estuvo inevitablemente ligado a una barra que redefinió la manera de beber en Lima: Carnaval. Una propuesta que cruza técnica, producto y relato, y que posicionó a la coctelería peruana en la conversación global. Hoy, Aaron Díaz cambia el ritmo. No se trata de un quiebre abrupto, sino de un giro construido con el tiempo: una transición hacia una etapa más amplia, más colaborativa y, sobre todo, más personal.
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El punto de partida no fue un plan trazado con precisión, sino una suma de encuentros. En 2024, conoció a Jorge Chung, fundador de bares en Miraflores como María Mezcal, El Infusionista y La Calor. Lo que comenzó como una amistad fue tomando forma con los meses. Entre comidas, ideas compartidas y gran afinidad, apareció algo que el bartender no buscaba: un nuevo espacio desde donde crear.

La colaboración empezó de manera orgánica, casi silenciosa. Primero como una asesoría puntual, luego como una presencia más constante en el desarrollo de cartas y equipos. El verdadero reto no estuvo en la técnica, sino en el cambio de chip. Acostumbrado a un estándar de precisión casi quirúrgico, Díaz se enfrentó a dinámicas distintas, con públicos más amplios y una lógica donde la experiencia pesa tanto como el contenido de cada vaso. No se trata de imponer una visión, sino de entender qué necesita cada espacio, explica con acierto.
Ese proceso, lejos de ser inmediato, implicó desaprender tanto como enseñar. El foco se trasladó hacia las personas: formar equipos, afinar criterios, construir una base sólida desde la disciplina y la creatividad. El resultado es un engranaje ideal que hoy funciona con autonomía y que le permite dar un paso al costado sin desaparecer.

Pero la verdadera transformación no es solo profesional. Después de años marcados por una intensidad casi total donde el trabajo ocupaba cada espacio posible, esta nueva etapa introduce otra variable: el equilibrio. Menos obsesión por el control absoluto, más espacio para la familia, el descanso y el disfrute. Una forma distinta de habitar la misma pasión es lo que se ve en Aarón Díaz.
Nuevos rumbos, misma pasión
La incorporación a Super Group como director de bebidas marca la continuación de esta etapa. Díaz asume un rol más estratégico y creativo, enfocado en desarrollar conceptos que expanden los límites de la coctelería. Los primeros resultados de esa alianza ya tienen nombre.

Uno de ellos es Lima Sour, un proyecto que propone una exploración radical de un solo cóctel: el emblemático pisco sour. Lejos de lo evidente, la idea es llevar cada componente al límite de su precisión. Desde la selección del pisco hasta el control del hielo, el punto exacto del limón o la textura ideal de la clara. Todo responde a una lógica que busca la perfección: entender el clásico.
El otro gran frente es Superbar, una plataforma más ambiciosa, que funciona como laboratorio, escenario y punto de encuentro. Un espacio donde conviven distintas experiencias: desde barras concebidas como espectáculo hasta formatos íntimos de degustación, con maridajes que exploran la alta cocina. A esto se suma un área de investigación que conecta con referentes y explora nuevas técnicas, productos y procesos.

Ambos proyectos dialogan entre sí. Mientras Lima Sour concentra su energía en un solo producto, Superbar amplía el panorama y articula un ecosistema donde la creatividad se despliega en capas. En esa búsqueda, hay algo que se mantiene intacto: la inquietud. La necesidad de empujar los límites, de cuestionar lo establecido y, por supuesto, de volver a empezar.
Si bien la propuesta más conocida de Díaz es Carnaval, que logró posicionarse en el ránking The World’s 50 Best Bars, su camino incluye otros proyectos que resaltan. Su trayectoria incluye espacios como The Aviary (Chicago), colaboraciones con restaurantes como Asiatiko (Miami), su paso como director de bebidas de Astrid & Gastón (Lima) y la creación de conceptos como el bar de coctelería experimental Hidden.

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