Por Jorge Chávez Noriega

Makaha es una playa miraflorina que nació mucho antes de que el circuito de playas de la Costa Verde existiera, cuando el mar aún se miraba desde arriba y el acceso era precario e improvisado. Se trata de un pedazo del litoral limeño cuyos márgenes se encuentran hoy entre el club Waikiki y el espigón de la Rosa Náutica. Esta mañana de verano, el paisaje muestra tablas alineadas en la orilla, carpas de escuelas de surf —algunas formales, otras no tanto— y trajes de neopreno secándose al sol. Todo ocurre con naturalidad, como si siempre hubiera sido así. Pero para entender por qué Makaha es considerada la cuna del surf peruano, hay que retroceder unos 70 años, a una época en la que deslizarse sobre las olas era un acto casi solitario y cargado de descubrimiento.

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