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Makaha: la playa que vio nacer el surf peruano y a los personajes que la hicieron leyenda
No es solo una playa de verano. Makaha es el lugar donde el surf peruano echó raíces, formó a sus pioneros y sigue, hasta hoy, enseñando a nuevas generaciones a leer el mar. Esta es su historia.
Makaha es una playa miraflorina que nació mucho antes de que el circuito de playas de la Costa Verde existiera, cuando el mar aún se miraba desde arriba y el acceso era precario e improvisado. Se trata de un pedazo del litoral limeño cuyos márgenes se encuentran hoy entre el club Waikiki y el espigón de la Rosa Náutica. Esta mañana de verano, el paisaje muestra tablas alineadas en la orilla, carpas de escuelas de surf —algunas formales, otras no tanto— y trajes de neopreno secándose al sol. Todo ocurre con naturalidad, como si siempre hubiera sido así. Pero para entender por qué Makaha es considerada la cuna del surf peruano, hay que retroceder unos 70 años, a una época en la que deslizarse sobre las olas era un acto casi solitario y cargado de descubrimiento.
Makaha es una playa miraflorina que nació mucho antes de que el circuito de playas de la Costa Verde existiera, cuando el mar aún se miraba desde arriba y el acceso era precario e improvisado. Se trata de un pedazo del litoral limeño cuyos márgenes se encuentran hoy entre el club Waikiki y el espigón de la Rosa Náutica. Esta mañana de verano, el paisaje muestra tablas alineadas en la orilla, carpas de escuelas de surf —algunas formales, otras no tanto— y trajes de neopreno secándose al sol. Todo ocurre con naturalidad, como si siempre hubiera sido así. Pero para entender por qué Makaha es considerada la cuna del surf peruano, hay que retroceder unos 70 años, a una época en la que deslizarse sobre las olas era un acto casi solitario y cargado de descubrimiento.
Makaha es más que una playa. Es uno de los puntos fundacionales del surf nacional, un escenario donde la relación del país con el mar empezó a cambiar para siempre. Años antes de que se convirtiera en una vía rápida en la década del 70, este tramo del litoral era un espacio casi íntimo, frecuentado por un grupo reducido de jóvenes limeños que empezaban a conquistar el Pacífico con curiosidad y osadía.
En 1942, ese impulso tomó forma. Carlos Dogny Larco, quien conoció al legendario Duke Kahanamoku en Hawái, fundó el Club Waikiki en Lima, una construcción hecha de esteras, pero cargada de visión. Desde allí se organizó, casi sin proponérselo, la primera comunidad surfista del país. Según recoge el libro “Historia de la tabla en el Perú”, fue en este punto donde el surf dejó de ser una práctica aislada para convertirse en una actividad organizada, con reglas, pertenencia y espíritu colectivo.
Makaha se ubica en el circuito de playas de la Costa Verde, entre el club Waikiki y la Rosa Naútica. (Fotos: Elías Alfageme)
Nombres como el de ‘Pancho’ Wiesse y Joaquín Miró Quesada comenzaron entonces a hacerse habituales en la playa, surfistas que buscaban correr olas, medirlas y desafiar sus límites cuando todavía no existía una cultura técnica ni equipamiento especializado. A esa generación pertenece también Sergio ‘el Gordo’ Barreda, figura clave de aquel período fundacional, cuyo aporte al desarrollo del surf fue tan significativo que décadas más tarde sería homenajeado con una estatua en Makaha, como símbolo de los pioneros que abrieron camino.
Estatua del "Gordo" Barreda en Makaha, pionero del surf peruano.
Con el paso de los años, esta playa dejó de ser solo un punto de encuentro y se convirtió en un semillero. A finales de los 50 y durante los 60, el surf empezó a expandirse con fuerza, impulsado por la llegada de nuevas tablas, competencias y un creciente intercambio con surfistas extranjeros.
Fue en ese contexto donde surgió Felipe Pomar, formado en ese ecosistema de playa y club, que en 1965 alcanzaría un hito histórico al consagrarse campeón mundial de surf y colocar al Perú en el mapa internacional del deporte. “Hace 70 años, el surf era conocido en apenas cinco países. Pero hoy en día son más de cien. Pueblitos en donde antes no había nada se han convertido en grandes lugares turísticos gracias a la tabla”, nos dijo Pomar en una entrevista en 2023.
Felipe Pomar, frente al mar de Makaha, en 2023. El tablista peruano fue campeón mundial de surf en 1965 y uno de los pioneros en la practica de este deporte. (Foto: Richard Hirano)
/ EDITORES FOTO > RICHARD HIRANO
El entorno de Makaha en aquellos años dorados era muy distinto al actual. No había tráfico constante ni muros de concreto dominando el paisaje. Las reuniones se daban en la arena, entre remadas y conversaciones largas. Hoy, rodeada por la ciudad y adaptada a los cambios urbanos y deportivos, sigue siendo una playa viva. En cada ola persiste la memoria de quienes la convirtieron en leyenda y de un momento en que el surf peruano empezó a gestar su camino hacia la gloria.
Cuna de campeones
En 2026, Makaha es un pequeño ecosistema propio. En tiempos más recientes, ha sido cantera de campeones como María Fernanda Reyes, quien creció en este tramo del litoral y dio aquí sus primeras remadas antes de competir en el circuito nacional e internacional. La historia no se detuvo: simplemente cambió de nombres y de épocas.
Al centro, Johnny Linares, instructor de la escuela Jhonny Surf, una de las más antiguas de la playa Makaha, en Miraflores.
Entre las decenas de escuelas que hoy conviven en la playa, algunas más visibles que otras, aparece Johnny Surf School, la carpa de Johnny Linares, casi camuflada en la rutina diaria de Makaha. Johnny llegó a esta orilla hace unos 25 años, alrededor de 2000, cuando apenas existían un par de escuelas. Antes de enseñar, aprendió. El recordado Doc García le dio la mano y lo acompañó en sus primeros pasos como instructor. En ese proceso encontró un oficio y una forma de vida.
Las olas de Makaha, pequeñas y nobles, son ideales para aprender a surfear.
/ SOMOS > ELIAS ALFAGEME
“Cuando me di cuenta, la escuela ya estaba armada”, recuerda. Por estos días, Johnny enseña a chicos y grandes, a vecinos de Lima y a extranjeros que llegan de paso. Las clases son diarias, con mayor intensidad en verano, y se adaptan tanto a quien busca un curso completo como a quien solo quiere una primera experiencia frente al mar.
Para Johnny, Makaha es una playa ideal para aprender. Su ola es pequeña y noble, da tiempo para pararse, equivocarse y volver a intentar. Lo demás es actitud. “Muchas ganas”, dice. Las mismas que, desde hace décadas, mantienen viva la historia del surf peruano en esta orilla. //
Guía para principiantes
Como primer paso, busca playas como Makaha y Los Yuyos, donde la ola es pequeña y constante. Te dará tiempo para pararte, equivocarte y volver a intentar sin miedo.
Aprende con alguien que conozca el mar. Un instructor o escuela te ayudará a leer las corrientes, entrar al agua en el momento correcto y evitar malos hábitos desde el inicio.
El surf no es inmediato. Requiere constancia, caídas y muchas remadas. Las ganas de aprender son tan importantes como la tabla.