La música empieza a sonar y, de inmediato, la energía en el ambiente cambia. Los asistentes, parados sobre sus camas elásticas individuales, ajustan su postura y esperan la señal de inicio. “¡Vamos, arriba!”, dice Camila Drago, la instructora y fundadora de Bounce Studio. Pero no se trata de saltar alto; la clave está en empujar con fuerza hacia abajo con las piernas, manteniendo el control del movimiento.

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