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Desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, Estados Unidos ha sostenido que sus defensas habían logrado contener con éxito la mayor parte de los ataques de Irán contra sus posiciones militares en el Medio Oriente. Sin embargo, nuevas imágenes difundidas esta semana muestran una realidad más compleja: aeronaves destruidas, vehículos militares destrozados y daños importantes en instalaciones estadounidenses de la región.
Las imágenes fueron publicadas en exclusiva por la cadena CBS News, medio que asegura le fueron enviadas por militares en actividad bajo condición de anonimato debido a las estrictas restricciones a la prensa que hay dentro del ejército de Estados Unidos.
Una de las fotografías, tomada en la base aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudita, muestra un impacto directo en un avión Boeing E-3 Sentry de cuatro motores, cuya cola se separó del fuselaje. Este aparato tiene un costo estimado en US$270 millones.

El Boeing E-3 Sentry es una nave de alerta temprana y control aéreo (AWACS), equipado con un gran radar en forma de disco sobre el fuselaje que le permite detectar y seguir aeronaves y otros blancos a cientos de kilómetros. Su importancia estratégica en la guerra radica en que funciona como un “centro de mando aéreo”, pues proporciona una visión amplia del espacio aéreo, coordina cazas y otras aeronaves, y ayuda a dirigir las operaciones de defensa y ataque.
La pérdida de uno de estos aparatos en una guerra de alta intensidad no solo supone la destrucción de un avión costoso, sino la pérdida de una plataforma clave para detectar amenazas, gestionar el combate aéreo y mantener coordinadas las fuerzas estadounidenses.
Otras fotos tomadas en la misma base saudí muestran edificios y barracones afectados seriamente por los ataques aéreos.

En Camp Buehring, Kuwait, que es una importante zona de concentración de tropas terrestres, se ven vehículos blindados y algunas aeronaves del Ejército estadounidense destruidos.
También hay una gran estructura similar a una carpa reducida a escombros.
Otra foto muestra un edificio de cuatro plantas dañado por un ataque iraní en Camp Arifjan, también en Kuwait.

Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán el 28 de febrero. El presidente Donald Trump afirmó que el objetivo era impedir que la República Islámica obtuviera armas nucleares.
Las fotos se conocieron un día después de la publicación de un informe del inspector general del Pentágono, donde se señala que el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), responsable de las fuerzas de ese país desplegadas en el Medio Oriente, había informado de daños generalizados en instalaciones y equipos estadounidenses.
El CENTCOM dijo que los ataques iraníes “dañaron y destruyeron cientos de edificios y estructuras en bases estadounidenses en Kuwait, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Irak, Omán y Jordania”, según el informe.
“Además, decenas de aviones estadounidenses fueron destruidos o dañados” durante la guerra, indicó.
El informe señala que la base naval estadounidense en Bahréin, que es un centro logístico de la Armada en la región del Medio Oriente, fue blanco de ataques con drones y misiles balísticos iraníes. Entonces, el CENTCOM tuvo que derivar esas funciones a lugares mucho más alejados, como la isla Diego García, en el océano Índico.
Según el informe, Irán también destruyó o dañó 30 drones MQ-9 Reaper, cuyo precio ronda los 30 millones de dólares cada uno.
También siete aviones cisterna KC-135 resultaron dañados o destruidos, cinco de ellos alcanzados por municiones iraníes mientras se encontraban en tierra en Arabia Saudita.
Lo que hay detrás de la estrategia de Irán

Para Andrés Gómez de la Torre, especialista en temas de defensa e inteligencia, las imágenes deben analizarse dentro de la estrategia de guerra asimétrica y de desgaste que Irán ha desarrollado durante años. Indica que Teherán no se limita a responder defensivamente a los ataques estadounidenses, sino que busca generar costos en distintos puntos de la región y obligar a Washington a dispersar sus recursos.
Agrega que ese concepto estratégico explica tanto las acciones directas de Teherán como el uso histórico de fuerzas aliadas o proxies en distintos escenarios del Medio Oriente.
El analista recuerda que Irán construyó durante años una red de actores armados que le permitió desarrollar “guerras indirectas” contra sus adversarios. En ese esquema ubica a los hutíes, Hamás, Hezbolá y las milicias iraquíes, a los que relaciona con el denominado “círculo de fuego” alrededor de Israel.
Gómez de la Torre considera que los ataques contra posiciones estadounidenses en distintos países de la región forman parte de un objetivo mayor: “regionalizar el conflicto y distraer el apoyo militar de Estados Unidos”.
Indica que Irán ha planteado una “guerra de varios frentes”, en la que la presión no se concentra exclusivamente en un campo de batalla específico. Agrega que la lógica consiste en obligar a Estados Unidos a proteger de manera simultánea numerosas instalaciones, tropas y activos militares en diferentes países, aumentando así el costo de mantener la campaña.
Pero Gómez de la Torre advierte que el efecto de esta estrategia no debe medirse únicamente contabilizando instalaciones dañadas o equipos destruidos. “La guerra de desgaste también busca erosionar la capacidad del adversario para sostener el conflicto en el tiempo”, remarca.

El analista sostiene que Irán ha demostrado una “capacidad de resiliencia estratégica pese a los fuertes golpes recibidos contra su infraestructura militar y otros activos críticos”. Por eso, considera que los ataques y sus consecuencias tienen una dimensión que trasciende lo estrictamente táctico.
“No solo tiene un efecto táctico en el ámbito militar, tiene un mayor efecto y peso económico, así también como psicológico y propagandístico”, explica.
Así, las imágenes que muestran los daños en instalaciones estadounidenses adquieren un valor adicional: “además de documentar pérdidas materiales, pueden ser utilizadas por Irán como evidencia de que sus ataques son capaces de alcanzar objetivos protegidos por Estados Unidos, incluso frente a la superioridad tecnológica y militar estadounidense”.
Gómez de la Torre compara esta dinámica con las dificultades que Estados Unidos enfrentó durante la guerra de Vietnam, donde la capacidad de resistencia del adversario y la prolongación del conflicto terminaron convirtiéndose en factores determinantes.
Irán no está acabado, sus ataques son triunfos tácticos

Por su parte, el periodista y analista internacional Carlos Novoa señala que las imágenes evidencian que Irán todavía conserva capacidad para golpear intereses de Washington en la región, aunque indica que el alcance de esas acciones debe ser dimensionado con cautela. Remarca que Teherán tiene una capacidad limitada para causar daños, pero no para desarrollar una ofensiva capaz de modificar decisivamente el resultado de la guerra.
“Irán puede estar en crisis, pero no está acabado”, afirma Novoa. El analista sostiene que la República Islámica mantiene dos capacidades relevantes: resistir y realizar ataques esporádicos contra objetivos estadounidenses o de sus aliados.
Para Novoa, el valor de estos ataques no está solo en el daño material que puedan provocar. También tienen una importante dimensión política y propagandística para Teherán, al permitirle mostrar que, pese a los golpes recibidos, todavía conserva capacidad ofensiva.
“Puede demostrar que no solamente está resistiendo, sino también golpeando y atacando”, explica.
Novoa remarca que las imágenes de destrucción no deberían interpretarse automáticamente como una señal de que las defensas estadounidenses hayan quedado estratégicamente comprometidas. Para él, se trata principalmente de éxitos puntuales de Irán dentro de un conflicto en el que mantiene una capacidad de ataque limitada.
“No es una vulnerabilidad estratégica, sino triunfos tácticos”, sostiene.
El factor del Golfo

Novoa también advierte que los ataques tienen consecuencias para los países árabes aliados de Estados Unidos, particularmente aquellos ubicados alrededor del Golfo Pérsico, como Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Qatar. Estos Estados, señala, podrían buscar mecanismos para reforzar su seguridad frente a la capacidad iraní de atacar objetivos en la región.
El analista sitúa además el conflicto dentro de una disputa regional más amplia por el liderazgo entre Arabia Saudita e Irán, representantes respectivamente de las principales corrientes sunita y chiita del islam.
Otro elemento que Novoa considera determinante es el cambio en la manera en la que Estados Unidos aborda la seguridad de sus aliados regionales. Según el analista, Washington ya no necesariamente responderá ante cada ataque contra un país aliado, sino que priorizará aquellos casos en los que estén directamente comprometidos sus propios intereses.
“Estados Unidos va a responder en la medida que sus intereses sean atacados, y esto Irán lo sabe bien”, señala.
Esta lógica podría adquirir especial importancia si los ataques iraníes continúan afectando a países como Arabia Saudita, Qatar o Emiratos Árabes Unidos, pero sin provocar daños directos que obliguen a Washington a ampliar su intervención.
Para Novoa, Irán también conoce las limitaciones políticas que enfrenta el gobierno de Donald Trump. De esa manera, Teherán puede mantener una estrategia de presión y ataques puntuales sin necesariamente buscar una confrontación convencional que no estaría en condiciones de ganar, puntualiza.
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