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La bodega Murga se distingue por su producción de vinos naturales hechos con uvas pisquers. En imagen: El Let it Blend, uno de sus vinos más celebrados, hecho con uvas provenientes de sus viñedos en el desierto de Pisco.
La bodega Murga se distingue por su producción de vinos naturales hechos con uvas pisquers. En imagen: El Let it Blend, uno de sus vinos más celebrados, hecho con uvas provenientes de sus viñedos en el desierto de Pisco.
/ Mario Zapata
Por Melvyn Arce Ruiz

Aunque hoy, cuando pensamos en vino en América del Sur, nuestra mente viaja primero a Argentina o Chile, la historia cuenta algo distinto. La vitivinicultura en la región empezó en el Perú. En Lima, en la hacienda Montenegro (cerca a donde hoy se levanta la Universidad Nacional de Ingeniería), se plantó entre 1539 y 1541 la primera viña del continente. Según investigaciones del historiador Guillermo Toro-Lira, en 1551 ya se elaboraba vino local, y no cualquier vino: uno de muy buena calidad. Viñas con entre 75 mil y 200 mil parras evidencian una intención industrial. Pero la historia dio un giro. El pisco encontró un camino fértil. Y, casi cinco siglos después, cuando hablamos de bebida nacional, pensamos en destilado, no en vino.

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