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Mucho antes de que el vino acompañara los banquetes romanos o de que la cerveza se convirtiera en la bebida más popular del planeta, la humanidad ya levantaba vasos —o, más probablemente, cuernos de animal— para brindar con un fermentado de miel. Se llama hidromiel y es tan antigua que algunos investigadores sitúan sus primeros antecedentes hace unos 9.000 años. Otros creen que pudo existir incluso mucho antes. Dicho de otra forma, cuando nuestros ancestros no conocían la escritura, ya sabían cómo emborracharse con la llamada “bebida de los dioses”.
Mucho antes de que el vino acompañara los banquetes romanos o de que la cerveza se convirtiera en la bebida más popular del planeta, la humanidad ya levantaba vasos —o, más probablemente, cuernos de animal— para brindar con un fermentado de miel. Se llama hidromiel y es tan antigua que algunos investigadores sitúan sus primeros antecedentes hace unos 9.000 años. Otros creen que pudo existir incluso mucho antes. Dicho de otra forma, cuando nuestros ancestros no conocían la escritura, ya sabían cómo emborracharse con la llamada “bebida de los dioses”.
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Detrás de este fermentado ancestral hay rostros igual de singulares. Luis Ignacio Becerra, por ejemplo, parece haber salido de un concierto de heavy metal: lleva el cabello y las barbas largas, suele vestir completamente de negro y, cuando participa en una feria medieval, cambia esa apariencia por la túnica de un hechicero. Ingeniero ambiental de profesión, asegura que nunca planeó convertirse en productor de hidromiel. “Un día quise saber qué era, averigüé cómo se hacía y dije: ‘Vamos a intentarlo’. Hice unas botellas, invité a mi familia y a mis amigos y, sin darme cuenta, comencé a vender”, recuerda el fundador de Hidromiel Ancestro.

Lo de Becerra no sorprende si se conocen sus obsesiones. Desde siempre sintió fascinación por la historia antigua y las religiones precristianas. “Mi sueño frustrado fue ser arqueólogo”, admite. Quizá por eso sugirió hacer la sesión de fotos en una huaca. Lleva en su mano un cráneo, porque un toque de ocultismo al mediodía nunca queda mal. Esa curiosidad por el mundo antiguo terminó llevándolo a una bebida que considera parte viva de ese pasado remoto. Ancestro existe desde 2017, con seis líneas de sabores y una extra que sale de modo estacional. Hay jornadas en las que embotella más de 200 bebidas. “Yo trato de mantener la mística y el aura de lo artesanal”.

Su historia no es un caso aislado. En los últimos años, esta bebida ancestral vive un inesperado renacimiento en el Perú, impulsado por la expansión de las ferias medievales, la cervecería artesanal y por el renovado interés que despiertan series como “Juego de tronos”, “La casa del dragón” y “El caballero de los siete reinos”. Aunque la bebida nunca fue protagonista de esas producciones, sí forma parte del imaginario de castillos, banquetes y guerreros que volvió a cautivar a millones de personas.
Hoy basta recorrer uno de esos encuentros para comprobarlo. Entre espadas, escudos, música folk y combates recreados, aparecen puestos dedicados exclusivamente a la hidromiel. Quienes acuden no solo buscan probar un fermentado de miel: encuentran una comunidad donde compartir una afición que durante años pudo parecer extraña.

El crecimiento del movimiento también ha dado origen a una nueva generación de productores. Si bien desde la década de 1950 se produce hidromiel en Andahuaylas, con la emblemática marca Santa Rosa, existen hoy otros sellos peruanos como Ragnarok, Pagana, Heimdall, Helheim, Vbeeking y Ohm. Casi todos los nombres evocan dioses nórdicos, antiguas creencias o mundos legendarios porque, además de una bebida, venden un imaginario que conecta con la historia y la fantasía.
Entre ellos destaca también José ‘Pepe’ Villarán. Director de fotografía de profesión, pasó más de quince años elaborando cerveza artesanal antes de descubrir la hidromiel. El cambio fue tan radical que terminó dejando la cerveza en segundo plano para dedicarse exclusivamente a su nueva pasión. Su marca, Pagana, produce alrededor de 1.200 litros mensuales, una demanda que lo obligó incluso a suspender la elaboración de cerveza para concentrarse en este fermentado. Además, obtuvo una medalla de oro en la Copa Mitad del Mundo, en Ecuador, con una variedad elaborada con cacao y roble.

Vestido como un personaje salido de “La casa del dragón”, Villarán coincide con Becerra en que el auge de la hidromiel va mucho más allá del producto. “Hay una movida medieval bien fuerte en el Perú”, dice. Las ferias se han convertido en el principal punto de encuentro de esa comunidad y también en la vitrina donde nuevos consumidores descubren una bebida que hasta hace pocos años era prácticamente desconocida. La aceptación ha sido tal que Pagana ya distribuye barriles y botellas a distintas ciudades del país.
La hidromiel nació muy lejos de estas tierras pero los productores peruanos ya comenzaron a darle una identidad propia. En lugar de limitarse a reproducir las recetas tradicionales, muchos experimentan con ingredientes como hoja de coca, cacao, hierbaluisa o flores para crear versiones con un sello local. Es la mejor prueba de que una bebida ancestral no necesita quedarse atrapada en el pasado para volver a conquistar nuevos paladares. //
Tanto en “Juego de tronos” como en “La casa del dragón”, beber forma parte esencial de la vida cotidiana de los habitantes de Westeros. Uno de sus mayores aficionados al alcohol es Tyrion Lannister, quien resume su filosofía con una de las frases más célebres de la saga: “Eso es lo que hago: bebo y sé cosas”. Junto con el vino y la cerveza, la hidromiel es una de las bebidas mencionadas con frecuencia en las novelas de George R. R. Martin, acompañando festines, banquetes y escenas en tabernas. La enorme popularidad de las adaptaciones televisivas terminó por despertar un renovado interés mundial por este ancestral fermentado de miel.

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