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Resumen

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Luis Ignacio Becerra adapta su personaje a la estética de las ferias medievales, donde la hidromiel ha encontrado un gran impulso. Fotos: Joel Alonzo/GEC
Luis Ignacio Becerra adapta su personaje a la estética de las ferias medievales, donde la hidromiel ha encontrado un gran impulso. Fotos: Joel Alonzo/GEC
/ JOEL ALONZO
Por Oscar García

Mucho antes de que el vino acompañara los banquetes romanos o de que la cerveza se convirtiera en la bebida más popular del planeta, la humanidad ya levantaba vasos —o, más probablemente, cuernos de animal— para brindar con un fermentado de miel. Se llama hidromiel y es tan antigua que algunos investigadores sitúan sus primeros antecedentes hace unos 9.000 años. Otros creen que pudo existir incluso mucho antes. Dicho de otra forma, cuando nuestros ancestros no conocían la escritura, ya sabían cómo emborracharse con la llamada “bebida de los dioses”.

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