Por Enrique Planas

El sábado 8 de septiembre de 1888, el barrio de Whitechapel y todo el East End londinense despertaron alarmados por un asesinato cometido en la madrugada, muy similar a tres crímenes ocurridos semanas antes. En todos ellos, las víctimas, todas mujeres, tenían la cabeza separada del tronco y las entrañas abiertas. El hecho ocurrió en la casa número 29 de Hanbury Street, una calle que se extiende desde Commercial Street hasta Baker’s Row, que a su vez comunica, a poca distancia, con Buck’s Row, escenario del crimen anterior, ocurrido el 31 de agosto.

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