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El presidente José Antonio Kast inició este 11 de marzo su gobierno de emergencia en Chile. Desde su campaña electoral, dijo que esta sería su estrategia con la que atajaría los problemas que más preocupaban a los chilenos: la economía, inseguridad e inmigración irregular. En base a esos pilares, Kast ganó la elección con el 58% al saber captar lo que sus compatriotas más le reclamaban al gobierno de Gabriel Boric.
Ahora que Kast se instaló en el Palacio de la Moneda -y donde ya vive junto a su esposa, algo que no ocurría en Chile desde los años 50- firmó seis decretos que configuran el pistoletazo inicial de este “gobierno de emergencia”, con medidas que buscan aminorar el déficit fiscal, controlar la inmigración y mejorar la gestión en varios sectores, como Seguridad, Obras Públicas, Defensa, Salud y Justicia. Estas medidas forman parte del Plan 90, un plan de acción para sus primeros tres meses de mandato.
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Aunque en 90 días, el político ultraconservador no podrá cumplir con la larga lista de promesas que lo llevaron a la presidencia, su nuevo gobierno busca dar un golpe de efecto para mostrar que busca tomar el toro por las astas. Kast sabe que las expectativas de los chilenos son altas, y que la paciencia se les puede agotar en poco tiempo si es que no se ven cambios tangibles.
“Efectivamente, es un golpe de efecto que él pretende dar. Lo que está buscando es dar señales rápidas a la ciudadanía, pero difícilmente esto se va a traducir en resultadosrápidos. Yo creo que la gente va a esperar sus primeros cien días, pero resultados concretos en temas tan difíciles no se van a poder alcanzar en poco tiempo”, señala a El Comercio Christopher Martínez,profesor Asociado de la Universidadde Concepción ydirectoralterno del Núcleo Milenio sobre Crisis Políticas en América Latina (CRISPOL).

Por el momento, el presidente Kast empieza con una poblaciónesperanzada y con ansias de mejora. Según una encuesta de la consultoraCadem, el 65% de los chilenos está optimista frente al futuro, mientras que un 57%tiene confianza de que al gobierno le irá bien.
“Hay muchas expectativas porque Chile lleva mucho tiempo en un proceso de mediocridad”, afirma Sergio Urzúa, profesor de economía de la Universidad de Maryland e investigador de Clapes de la Universidad Católica de Chile. “Por tanto, llegamos a marzo del 2026 con una población que demanda progreso y está agotada en lo económico y social. Podemos discutir la profundidad de la emergencia que se vive, pero creo que el resultado de la elección demuestra que este relato fue bienvenido por la población”, agrega.
Martínez, no obstante, no considera que este diagnóstico tan negativo de vivir en una situación de emergencia sea permanente en la sociedad, pero sí concuerda que las expectativas son altas y, por tanto, la luna de miel entre el presidente y la población podría ser corta. “En Chile este periodo de popularidad que tienen los presidentes al inicio de su mandato es bastante corto. Con el presidente Boric fue muy rápido, por ejemplo. Pero eso también ocurre porque pasa mucho tiempo entre la elección y la toma de mando, de diciembre a marzo, entonces el fervor se empieza a desvanecer”.
“Nos entregan un país en peores condiciones de las que podíamos imaginar. Este gobierno llegó a corregir lo que está mal, a recuperar lo que se perdió y a construir lo que nunca se ha hec
“Nos entregan un país en peores condiciones de las que podíamos imaginar. Este gobierno llegó a corregir lo que está mal, a recuperar lo que se perdió y a construir lo que nunca se ha hecho”
JosÉ Antonio
Los principales retos
Una de las primeras medidas del mandatario ha sido enfocarse en el tema migratorio, uno de los asuntos que más ha puesto sobre la mesa en los últimos años. Por ello, ha otorgado más poderes a las Fuerzas Armadas en la zona norte del país, sobre todo en las fronteras con el Perú y Bolivia, por donde suelen cruzar migrantes irregulares, para controlar la entrada de personas sin documentos. Asimismo, designó un nuevo comisionado presidencial para la región y determinó la implementación del Plan Escudo Fronterizo bajo el liderazgo del Ejército.
Otro asunto fundamental para la nueva gestión será el crecimiento económico, que muestra un estancamiento preocupante desde hace varios años. En diciembre del 2025, la variación interanual del PBI fue de 1,9%; mientras que en el tercer trimestre del año pasado decreció en 0,1% respecto al segundo trimestre. “En materia económica, la administración del expresidente Boric ha generado frustración en la clase media, con un récord de desempleo que ojalá sea difícil de igualar”, expresa Urzúa.
Apenas un día después de asumir, el nuevo gobierno anunció una reducción de 3% en los gastos de todos los ministerios, como parte de un plan de austeridad para bajar el déficit fiscal, que en el 2025 llegó al 3,6% del PBI, es decir US$13.200 millones. Según el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, José García Ruminot, esto permitirá un ahorro en este año de 3 mil millones de dólares.
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“En el ámbito fiscal me parece que hay un espacio interesante de acción rápida que puede tener algún tipo de impacto en el corto plazo. Además, esto va a estar unido a un tema de fiscalización muy fuerte”, dice Urzúa.
En seguridad, la principal preocupación ciudadana, las primeras medidas del gobierno de Kast apuntan a aumentar las penas para los delincuentes vinculados al crimen organizado y levantar información sobre los líderes de estas organizaciones ya presos, para luego enviarlos a cárceles de alta seguridad.
El reto de la política
No obstante, los cambios que se quieran implementar también van de la mano de la política, y el Congreso se presenta como un escenario fragmentado. Las fuerzas de derecha tienen 76 diputados, en un hemiciclo de 155, y el Partido Republicano de José Antonio Kast tendrá necesariamente que negociar y también convencer a las otras agrupaciones de la derecha, sobre todo al Partido Nacional Libertario, de Johannes Káiser, quien es más conservador que el propio Kast.
Los libertarios ya han dicho que serán una “oposición amistosa”, mientras que el otro gran escollo será el Partido de la Gente, de Franco Parisi, que no se define de izquierda o derecha, pero cuyos 14 legisladores serán claves para la toma de decisiones. Esto además de la oposición de izquierda, que estará fiscalizando cada uno de sus pasos.

“Kast parte con una buena noticia al lograr que la derecha gane la presidencia de la Cámara de Diputados, aprovechando la indisciplina del Partido de la Gente, que es un partido relativamente nuevo y que no tiene una ideología clara, y eso lo puede seguir aprovechando. Pero las principales críticas hacia Kast antes de asumir el mando vinieron de los libertarios. Ahora Káiser se ha suavizado un poco porque este no es un momento para embarcarse en confrontaciones con Kast, pero esto irá cambiando a medida que la popularidad del presidente empiece a bajar”, señala Martínez, quien no duda que Káiser está proyectándose hacia la siguiente elección presidencial.
Para Urzúa, el principal problema viene por un sistema político que ha privilegiado la atomización del Congreso. “Este probablemente va a ser el desafío político más grande para el presidente Kast, para efecto de hacerse cargo del control de las expectativas”, detalla.
José Antonio Kast, el presidente más a la derecha que ha tenido Chile desde el regreso de la democracia, tiene un cúmulo de desafíos internos para poder afrontar la ola y calmar las ansias de una población que quiere una gestión más ordenada, mejores números y mayor control. Pero el sector que no lo votó también estará midiendo y juzgando cada una de sus acciones.
Después de la tensión que se vivió a fines del año pasado en la frontera entre el Perú y Chile respecto a la situación de cientos de migrantes que buscaban salir de Chile, hay mucha expectativa por saber cómo será la relación entre nuestros países, sobre todo con José Antonio Kast en la presidencia del vecino del sur.
En diálogo con El Comercio, el diplomático Carlos Pareja Ríos, quien fue embajador del Perú en Chile, señaló que la política migratoria que adopte la administración Kast tendrá efectos directos en la relación bilateral.
Así, también serán importantes el diálogo y la cooperación de fenómenos transnacionales como el narcotráfico y el crimen organizado, dos problemas claves en nuestros países, que buscan combatir la creciente inseguridad.
“Kast no tiene un discurso de conflicto o antagónico con los países vecinos, ni tampoco una política revisionista de tratados o de límites”, precisa Christopher Martínez.
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