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Intentas estudiar algo. Te cuesta. Lees el texto una y otra vez pero no retienes nada.
Intentas estudiar algo. Te cuesta. Lees el texto una y otra vez pero no retienes nada.
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La solución no está necesariamente en pasar más y más horas frente a tus apuntes, según la experta en educación Noelia Valle, profesora de fisiología de la Universidad Francisco de Vitoria en España y creadora del sitio de divulgación científica La Pizarra de Noe.
“Imagina intentar llenar una botella de agua con una manguera de bomberos a máxima potencia. La mayor parte del agua se derramaría y la botella seguiría medio vacía”, plantea Valle en un artículo en The Conversation.
La educadora explicó a BBC Mundo por qué el enfoque cuantitativo no suele ser eficaz, ya que “el cerebro humano no aprende por acumulación, sino por integración”.
Y la causa tiene que ver con dos conceptos clave: la memoria de trabajo y la carga cognitiva.
En el aprendizaje menos es más, agregó la experta, quien compartió consejos prácticos para mejorar nuestro rendimiento.
La memoria de trabajo y la carga cognitiva
La memoria de trabajo es la capacidad o espacio de trabajo cerebral que manipula cierta información de forma temporal para realizar con ella tareas complejas como el razonamiento, explicó Valle a BBC Mundo.
“Es el procesador o la RAM de nuestro cerebro, es decir, la habilidad para retener y manipular información durante un breve periodo de tiempo”.
“Es como una tabla de cortar, el espacio físico donde pones todos los ingredientes que tienes que cortar y mezclar. Si pones demasiados ingredientes se caerán de la tabla. Pues la memoria de trabajo no puede “cocinar” (procesar) más de lo que cabe en esa tabla”.
La carga cognitiva es entonces la cantidad de esfuerzo mental (la receta) que debe realizar tu memoria de trabajo para procesar (cocinar) la nueva información, agregó.
Y tiene dos partes: la intrínseca, que es la dificultad inherente de un tema; y la extrínseca, que puede aumentar cuando el esfuerzo mental es inútil porque está provocado por explicaciones confusas o exceso de estímulos, explicó la educadora.
“Tiene menos carga cognitiva intrínseca hacer un huevo frito que cocinar una paella valenciana. Si además la receta está mal redactada, se va la luz o alguien te está molestando mientras cocinas, se añade dificultad (carga extrínseca) al proceso”.

En nuestra “RAM” solo caben entre 5 y 9 elementos
Nuestra capacidad para aprender depende de usar eficientemente nuestra memoria de trabajo, señaló Valle.
“El problema es que su capacidad es muy limitada, ya que solo puede contener entre 5 y 9 elementos. Tanto es así que, si excedemos esa capacidad, si nos llega de golpe más información de la que nuestro cerebro puede procesar, se perderá”.
Cuando se habla de un límite de entre 5 y 9 “elementos”, ¿se trata de datos? ¿O de conceptos?
Pueden ser ambas cosas, apuntó la experta.
“En psicología se llama chunks a los fragmentos o unidades de información. La memoria de trabajo tiene espacio para manipular entre 5 y 9 chunks. La diferencia entre que los chunks sean un dato o un concepto depende de que la persona que los maneja sea experto o novato".
“Para un estudiante de primero de medicina ‘frecuencia cardíaca alta’, ‘presión arterial baja’ y ‘piel fría’ son tres datos distintos que ocupan espacio en la memoria de trabajo. Si le doy tres síntomas más, se satura”.
“Para un médico experto esos tres datos se agrupan automáticamente en un solo concepto: ‘shock hipovolémico’. El médico solo ocupa un chunk de su memoria de trabajo con ese concepto complejo, por lo que le quedan 6 o 7 huecos libres para incluir el tratamiento, la información que le da la enfermera y el historial del paciente".
Valle señaló que la memoria de trabajo no distingue si lo que está usando es un dato simple o un concepto complejo que ya estaba almacenado en la memoria de largo plazo.
“Caben 5-9 elementos, pero el tamaño de esos elementos depende de tu grado de conocimiento. Aprender consiste precisamente en convertir muchos datos sueltos en un solo concepto sólido para que ocupe menos espacio en la memoria de trabajo y puedas pensar en cosas más difíciles”.
“Los expertos no tienen más memoria, sino que la tienen mejor organizada”.
Valle señaló que los docentes pueden ayudar a disminuir la complejidad intrínseca de un tema, por ejemplo, segmentando la información de lo simple a lo complejo.
Y también pueden reducir la carga extrínseca eliminando distracciones innecesarias, como exceso de animaciones en una presentación, entre otras acciones.

¿Cómo mejorar nuestro rendimiento?
La evidencia apunta a que es más efectivo estudiar un par de horas al día durante varias semanas que estudiar muchas horas seguidas en el mismo día, afirmó la educadora.
Y dentro de esas dos horas es importante tomar descansos.
“Estudiando dos horas seguidas es más probable que satures el espacio de tu memoria de trabajo y que acumules tanta carga cognitiva que te fatigues. Y el cansancio y la frustración son distractores, es decir, carga extrínseca (la mala)”.
“Hacer descansos breves cada media hora permite, por un lado, que la información pase de la memoria de trabajo a un estado de consolidación, y por otro, que al volver tras un descanso obligues a tu cerebro a recordar dónde te quedaste. El cerebro no aprende mientras recibe información sino cuando se esfuerza por recuperarla”.
Entre las tareas que realizamos para aprender, las de mantenimiento (releer o recordar una lista de elementos) tienen efectos neuronales limitados, afirmó Valle.
“Pero las de actualización (las de pensar), que desafían constantemente al cerebro a manipular la información y no solo a retenerla son las que más consistentemente se asocian con un aumento de la actividad en regiones del cerebro claves para el aprendizaje y la recompensa”.
Valle da algunos ejemplos de tareas que nos obligan a pensar:
“Y mejor si la persona a la que se lo explicas es ajena a ese conocimiento pues el esfuerzo que realices será mucho mayor. Por ejemplo, cuando acabes de leer este artículo explícale a alguien la diferencia entre un dato y un concepto para la memoria de trabajo”.
“Si nadie quiere o puede escucharte, cuéntatelo a ti mismo, por escrito (siempre es bueno practicar la redacción) o hablándote. Y cuando estés estudiando déjate escritas preguntas sobre aquello que te ha resultado más complicado entender, para que al volver al estudio empieces respondiéndote a esas preguntas”.
“Hoy en día la IA puede ayudarnos generándonos preguntas o problemas en diferente formatos y niveles de dificultad”.

El sueño y el entorno
El sueño es clave en los procesos de consolidación de la memoria, explicó Valle.
“Sabemos que mientras dormimos el sistema glinfático limpia el cerebro de los desechos metabólicos, y, también, que mientras soñamos (fase REM) repetimos lo aprendido durante el día lo cual activa las mismas neuronas y refuerza sus conexiones”.
“Por lo tanto, el descanso que nos ofrece “.
El espacio y el momento que eliges para estudiar también importan, agregó la experta.
“Si estudias en un espacio desordenado, con ruido o dejas activadas las notificaciones del móvil, tu cerebro está usando parte de su memoria de trabajo para inhibir esos estímulos”.
“Y por otro lado el momento del día en el que nos ponemos a estudiar debe ir a favor de nuestro cronotipo, es decir, debemos estudiar cuando nuestras funciones ejecutivas están en su pico. Intentar memorizar algo complejo cuando tu cuerpo está en su valle de energía es aumentar la carga cognitiva necesaria para la misma tarea”.

Relacionar la información con nuestra propia realidad
Aprendemos mejor aquello sobre lo que pensamos, de nuevo, porque el esfuerzo necesario promueve la consolidación de la memoria. En términos celulares, consolidar significa crear nuevas conexiones entre neuronas. Y sabemos que las neuronas que se activan juntas se acaban uniendo.
Por lo tanto, activar el recuerdo de la nueva información con ejemplos cotidianos conocidos, ayuda a crear esa nueva conexión que asegura el paso de memoria de trabajo a memoria a largo plazo, explicó Valle.
“Si estás estudiando la inflación, compara el precio del café de hoy con el de hace un año. Al conectar la definición con algo que te afecta crearás un ancla del que tirar cuando tengas que recuperar ese recuerdo”.
“Esto, además de ayudarte a aprender, entrenará tu pensamiento crítico, algo que tampoco viene mal para seguir aprendiendo”.

Qué hacer cuando sentimos que la complejidad de un tema nos supera…
Antes de frustrarnos debemos tener claro que cuando somos principiantes en algo la carga cognitiva es siempre muy alta, afirmó Valle.
“Cuando aprendes a conducir tienes que pensar en pisar el embrague, mirar los espejos, mover la palanca de cambios, soltar suavemente, poner el intermitente, girar el volante, frenar. Como cada acción ocupa su espacio en tu memoria de trabajo te sientes saturado, y si en ese momento alguien te hace una pregunta irrelevante lo más seguro es que no sepas qué responder”, señaló la educadora a BBC Mundo.
“Cuando ya sabes conducir y has automatizado (guardado en tu memoria a largo plazo) todos esos movimientos, puedes mantener una conversación y escuchar la radio mientras conduces”.
En esos momentos de frustración, Valle recomienda por ejemplo empezar por fragmentar la información.
“Déjala en trozos tan pequeños que parezcan ridículos de aprender. Esos pequeños logros generarán dopamina que te ayudará para ir superando retos”.
También aconseja realizar esquemas simples con palabras clave para asegurarnos de que el orden es el correcto.
“Pasa después a realizar mapas conceptuales complejos en los que integres informaciones relacionada”.

Entender y respetar a tu cerebro
Un cerebro más fuerte trabaja menos, ya que, según revela la neurociencia, entrenar la memoria de trabajo conduce a una disminución de la activación en regiones cerebrales clave, especialmente en la red frontoparietal, que es fundamental para las funciones ejecutivas, explicó Valle.
“De la misma manera que un atleta experimentado utiliza menos energía para ejecutar una acción en comparación con un principiante, a medida que el cerebro se vuelve más hábil en una tarea, necesita reclutar menos recursos neuronales para lograr el mismo o incluso un mejor rendimiento”.
El aprendizaje efectivo no se basa en forzar nuestro cerebro más allá de sus límites, concluyó la experta.
“Se trata de entender y respetar la arquitectura cognitiva con la que todos operamos para minimizar el esfuerzo inútil y maximizar el aprendizaje profundo”.
El aprendizaje efectivo se basa, aseguró la educadora, “en ser más inteligentes en cómo presentamos la información a nuestro cerebro”.
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